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Capítulo 4. Más allá del cuento. (Onelio Jorge Cardoso).

  • Foto del escritor: Francisco Almagro
    Francisco Almagro
  • 8 ene
  • 19 Min. de lectura

Imagen del Portal Cubarte


No es para discutir: este cuentista es una de las figuras descollantes de ese género, no sólo en las letras contemporáneas de su país sino también en las de América Latina”.

Salvador Bueno1.

I.

Onelio: los años duros:

M.A.C: ¿Vivió usted en la pobreza?

O.J.C: De adolescente. Eran los años del machadato, en la etapa de la reelección. Fue cuando cayó el precio del azúcar. Golpeó duro a todo el pueblo de Cuba. Al menos yo tenía casa. Cierto, era de un amigo y no le pagaba el alquiler, pero era una casa. Sin embargo, había mucha gente que vivía bajo los puentes. Por tanto, no puedo enorgullecerme de haber sido lo suficientemente golpeado por la pobreza.2

Con frecuencia se le hacían a Onelio Jorge Cardoso (Calabazar de Sagua 1914- La Habana 1986) esta y otras preguntas relacionadas con su infancia y adolescencia, tal vez motivadas por el contenido de sus narraciones, duras, algunas de ellas, donde la violencia y la miseria movían las cuerdas invisibles del relato. Si tenemos en cuenta que vive parte de la niñez y la juventud en el período comprendido entre 1925 -comienzo de la crisis- y los años de intensa recesión -de 1929 a 1933- podremos imaginar lo que esas situaciones “tocaban a un niño extremadamente sensible” como Onelio. Fue en particular el campo cubano y la población dependiente de las zafras azucareras, donde con mayor crudeza se reflejó la miseria y la hambruna3.

A tales circunstancias socioeconómicas, la familia cubana tuvo que enfrentarse redefiniendo los roles de sus miembros y la arquitectura de sus relaciones. La cesantía obligaba a una emigración interna de los hombres, que iban a distantes lugares en busca de trabajo; y las mujeres, al cuidado de la prole, ingeniárselas para dar de comer y educar a los hijos que aún no tenían edad para el trabajo. En la memoria colectiva cubana ha quedado el “machadato” como una época singularmente difícil para la familia; también porque muchos hijos fueron “repartidos” en casas de tíos o padrinos en mejor posición económica. Por otro lado, la miseria condicionaba no pocas enfermedades y fallecimientos tempranos. En ocasiones morían niños pequeños y en otras, los padres. Esas pérdidas tempranas en la díada parental hacía que los hijos mayores asumieran papeles o roles familiares - padres sustitutos - para los cuales no estaban preparados psicológica o biológicamente.

En los recuerdos del joven Onelio Jorge deben haber quedado imágenes brutales. En ese ambiente “postmachadista”, con penurias económicas familiares, terminará con gran dificultad el bachillerato para después ejercer como maestro cívico-rural. Otra visión para el futuro escritor que, en la escuela campesina - como el poeta Raúl Ferrer - podrá vivir la experiencia lacerante de las deserciones escolares por la necesidad de trabajar, las enfermedades mutiladoras de la infancia y, a pesar de todo, hallar una sonrisa de esperanza en cada niño. A los 18 años Cardoso comienza a escribir y en 1936 obtiene un premio en Social con su cuento El Milagro. A partir de entonces, la suerte está echada. Hace diversos oficios para vivir - viajante de medicina y de quincalla, revelador de fotos -pero continúa escribiendo hasta el espaldarazo de 1945: Premio Nacional “Hernández Catá” de cuento con Los Carboneros. En 1948 viaja a la Habana y trabaja en la radio. Los años duros no habían pasado para Onelio; los reflejaría en su obra porque estaban adentro.


Valoraciones:  De él dijo Salvador Bueno en el Prólogo a Valoración Múltiple:

“Onelio Jorge Cardoso fue un hombre sencillo y cordial, quizás un tanto tímido. De ningún modo alguien que lo hubiera acabado de conocer hubiera pensado: “este es un escritor4. “

Esta cita recoge en parte la “sencillez” con que el escritor se refería a su propia obra. En ocasiones Onelio desconcertaba a los críticos y entrevistadores que iban en busca de un patrón, una fórmula creativa:

“Todavía no sé a derechas como se hace un cuento y lamento que algunos amigos interpreten esto como una actitud de modestia que si así fuera más valdría llamarlo falsa modestia…si yo tuviera las reglas de cómo se escribe un cuento haría uno todos los días y esto no suele ocurrirme…”5

Ello no lo imposibilitaba de hacer una valoración bastante personal de su narrativa, en la cual consideraba “El Cuentero” el cuento que más le gustaba por su ambiente y el lenguaje; el simbolismo de “El Caballo de Coral” o “Francisca y La Muerte” por su fuerte dosis de imaginación y optimismo. En sentido contrario, creía que “El Milagro” - el premio de Social - había sido un mal comienzo. Una de las anotaciones más interesantes es aquella, y que se reitera en las entrevistas, donde se refiere al valor de la vivencia para su cuentística:

La generalidad de mis cuentos tienen una relación muy directa con mi niñez en el campo. También con algunas vivencias extraídas del pueblo…”6 .

Sobre esto y el aporte familiar en su formación volveremos más adelante.


Crítica:   Jesús Orta Ruiz dijo que con Onelio sucedía como con José Martí, “que tienen el don de comunicarse con las grandes masas y, a la vez ofrecen aristas interesantes al estudio de los intelectuales”;  y Soler Puig que “yo tuve conciencia de cómo se refleja la personalidad del autor en sus obras…Onelio Jorge Cardoso es grande, de los grandes de verdad”;  en opinión de Cofiño “posee todos los instrumentos técnicos necesarios y los tiene bien afilados, pero los utiliza sólo cuando es necesario y no por gusto”; obra, la de Onelio “austera y entrañable, contenida y esencial, en la que los silencios son a veces tan importantes como las palabras”, según Benedetti y que para Jesús Díaz “es un poeta y un poeta que ha vivido, sus cuentos valen porque domina los ambientes que maneja”; en Eliseo Diego, los mejores cuentos “son aquellos en que recorre a la vez las tres cuerdas de su instrumento: la grave, la alta o de la poesía, y la risueña7 . 

Sin embargo, algunos críticos opinan que, desde el punto de vista técnico, OJC fue en ocasiones descuidado, algo que el propio autor reconocía en sus fases iniciales8 . La referencia parece pertinente en cuanto a ciertos diálogos y manejos de los tiempos. Complejo conciliar criterios cuando leemos un análisis sustancial, minucioso, de Salvador Arias cuyos diagramas son reveladores9.


“Leonela”, la historia trunca de una familia:  Onelio narra en “Leonela” una aparente sencilla historia de amor. Una muchacha joven que vive con su padre y sus hermanos se enamora de un obrero que trabaja en la construcción de la línea del ferrocarril. Pero su familia no está de acuerdo con esa relación y la “obligan” a casarse con un hombre mayor. El muchacho regresa y ella se encuentra con él. Tragedia: Leonela muere a manos de su marido cuando besa al muchacho. Eso es todo…y no lo es.

Aquí es donde comienza la historia que “crea” el lector. En primer lugar, está la pregunta sobre la muerte o ausencia de la madre de Leonela - de la que no tenemos mucha referencia - y los hechos sucedidos a posteriori. Podemos inferir que, tras la desaparición de uno de los padres, el sistema familiar buscó un equilibrio elevando a la hija al rol de madre sustituta, lo cual queda más o menos claro. Sin embargo, hijos varones “jugadores de brisca y dominó” y el padre “un Viejo de mala suerte”, no logran una función vital para la familia como el aporte económico. Ya ha aparecido Julián, el joven que trabaja en el ferrocarril y esta es la segunda pregunta: ¿de dónde viene, ¿quién es? En una novela “rosa”, tras luchar por el amor de Leonela, Julián regresaría y construirían una familia. Segunda interrupción al desarrollo familiar: Julián tiene que marchar y el Viejo de los Parales aparece como fuerte candidato matrimonial a los ojos de la familia de ella. Vuelve la misma pregunta: ¿quién es este hombre? Puede ser un viudo o un solterón. Eso es muy importante porque al no saberlo con certeza, el personaje se nos hace más oscuro, menos posible de definir, algo que abre un interesante paréntesis. La boda de Leonela y el Viejo de los Parales sucede en unas pocas líneas, contada por un narrador que tendrá una importancia capital. Hasta aquí pudiera llegar la familia “Leonela”; casada ella y con hijos…  Entonces no tendría valor alguno, al menos desde el punto de vista sociológico y como “sustancia narrativa”. Julián regresa y Leonela quiere verlo; desafía los rígidos marcos sociales y familiares. El Viejo los sorprende y mata a Leonela: la familia Parales, la de Leonela, e incluso la virtual con Julián, ha quedado trunca. Con la muerte de Leonela concluye un intento de nuclearización. La última pregunta sería: ¿qué pasó con esa familia después? Quedaron sin el aporte económico del Viejo, el de un hermano que trabajaba en la finca y la presencia de la hija, que ahora, convertida en fantasma, derrochará culpa sobre todos… No hace falta saberlo por el autor. Esa es su magia: sugerir.


El Narrador:  De su suma importancia es la presencia del narrador en la cuentística de OJC, función activa, dada en varios planos y que oculta la presencia del escritor; en opinión de algunos investigadores esto permite evitar un juicio de lo sucedido10 y es todo un subsistema no sólo per se, sino que establece relaciones con otros subsistemas del cuento11.

En “Leonela” existen dos narradores situados en diversos planos. Uno de ellos, en primera persona, habla del otro, Baltasar de los Pinos - “un Viejo alto con una barba igualita y gris como la pelambre que se forma en los júcaros de doce años12 - quién será también observador y narrador de los hechos que sucedieron. Pero Baltasar es un testigo privilegiado: es quién muerta Leonela y traída al pueblo, cubre con una “sábana piadosa” el cadáver; es, además, un confesor, consciencia, una imagen construida para ser consultada: “Leonela…en vida, desesperada ya, entró una tarde por su puerta y fue a pedirle un consejo con la cara encendida13. Personaje mítico este Baltasar, es descrito en términos de que “el mismo tenía muchísimo de árbol y de tierra, pero más que nada tenía de hombre, señalado como loco porque mortificaba a todos los vientos las cosas que decía 14 ”. De ese modo, el narrador, sabio consejero Baltasar, es también “un loco” referente e irreverente, vesánico difusor de la verdad - su verdad - en un mundo de absurdos y “normalidades” que atrapan a “Paloma”: “Todo lo que Baltasar decía, estuviera en el pasado, en el presente o en el futuro, era siempre verdad 15 ”.

Es su racionalidad y la ética de su “locura”  es lo que Onelio desde las primeras páginas quiere dejar en el personaje. Baltasar no es refugio, escape, sino simple confesor que mantiene una relación casi terapéutica con la víctima: “… Baltasar le dio un consejo desvergonzado, que le habló como si no fuera hembra, sino varón16 “. Esta posición del narrador -¿autor? - nos coloca frente a una cordura que parece perdida entre tanta hipocresía y desatino, pero más importante aún parece el hecho de que Baltasar presagia el final - ya sabemos, desde el inicio, que será trágico - y el amor, a pesar de la muerte, por encima de la mezquindad humana: “Esperen que venga Julián. Él también tiene su perro y su angelito “.17.

Este es, sin duda, un personaje donde Onelio logra la difícil conjunción entre lo mítico y lo humano, entre lo irracional y la desesperanzada realidad. Baltasar también será una especie de terapeuta impersonal. Nos contará de las maniobras familiares para casar a Leonela, de su infelicidad en el matrimonio y la relación cuando Julián regrese; nunca desde una posición beata o enjuiciadora; no habrá espacios para coqueteos con la “verdad” de este Viejo que truena “sus razones”.

Sin embargo, el ángulo de análisis más interesante, desde el punto de vista que nos asiste, es aquel donde Onelio utiliza uno o varios narradores de la historia, que son parte del cuento y al mismo tiempo no lo son. Cardoso se adelanta enormemente a su tiempo cuando hace imposible dicotomizar lo narrado del narrador, el historiador de la historia. Ese es un tema de discusión en biología y filosofía en las últimas dos décadas: la relación entre los sucesos y el que los observa y los describe. La emergencia de un observador, para von Foerster, tiene un significado autorreferencial y ético:  si se emerge en el mismo sistema que se estudia y narra, es imposible separarse del hecho. Se adquiere así una “responsabilidad” ante lo descrito, una ética por nuestro discurso en relación con la observado18. Entonces, Baltazar nos llega a confundir: ¿es Onelio?, ¿o es el “inconsciente colectivo”, de una sociedad que describe y critica los hechos?  Como sea, este Baltazar está entre los personajes más llamativos de los creados - y no fueron pocos - por nuestro “cuentero mayor”.

II.

La Familia “Leonela”. Estructura: Es un grupo de tipo nuclear monoparental, es decir, una familia donde conviven los hijos con uno de los padres. No sabemos nada sobre la madre de Leonela y sus hermanos,  pero podemos inferir que ella ha muerto y su hija ha tomado la función de madre en una casa donde los hermanos son “jugadores de brisca y dominó” y el padre “tiene mala suerte”. En esta época los divorcios -otra causa de monoparentalidad- no eran frecuentes y mucho menos en el campo cubano. Sin embargo, era probable la muerte de una mujer en el parto -la mayoría eran alumbramientos domiciliarios- o por alguna enfermedad infectocontagiosa. De sólo describir la estructura familiar, Cardoso puede ubicarnos “más allá del cuento”, en el Anillo Exterior que rodea a la familia: marginalidad, pobreza y muerte.

En esta familia sólo tenemos acceso a dos líneas de parentesco: padres e hijos. Esta es una familia predominantemente masculina, donde también existen sistemas exteriores formados por hombres -los trabajadores de la línea del ferrocarril, el Viejo de los Parales y Julián. La historia transcurre en el momento del Ciclo Vital donde Leonela debe desprenderse de la familia original y formar otra familia. Tiene ahora 15 años, edad apropiada para el desprendimiento en esos años y circunstancias. Sin embargo, los límites familiares19 muestran una porosidad singular a nivel de hombres y rigidez a nivel de Leonela. Como consecuencia, el intercambio del sistema sólo se verifica a través del género masculino hasta la aparición de Julián: “...y su carrerita todas las tardes al fondo de la arboleda cuando pasaba entre las hierbas para decirle adiós hacia todos, pero mirándolo él; el torso que más sobresalía de los hombres sentados en la plancha de la línea20 . La mujer tiene una función socializadora hacia el interior de la familia, excepto si es utilizada como mercancía, objeto de canje, como cuando aparece el otro elemento masculino, el Viejo de los Parales: “…Su ventaja era ser el padre y además el tiempo que había vivido, porque cuando el Viejo de los Parales empezó a dejarse caer por allí con su jaca lustrosa, el padre de Leonela pensó que un hombre no va seis veces por una casa a menos que lo atraiga alguna mujer que viva adentro, y la única mujer que vivía dentro de la misma casa era Leonela, de quince años”.21 Es llamativo como Onelio escoge dos hombres de edades distintas y familias ausentes para situar en la cuerda pulsada a Leonela “con una frente tan lisa y tan fresca”.  El conflicto familiar estructural viene dado porque hay que abrir un espacio a nivel de hijos, en el sector femenino, y la familia de origen de Leonela es quién decide cómo y con quién será abierto ese espacio: “¿Y luego qué? !Mi hermana casada con el reparador y papá que se vaya a vivir al camino real!”22 .

La familia, tras el matrimonio de Leonela con el Viejo de los Parales, ha quedado formada por dos estructuras cuyo puente sigue siendo la muchacha. Al mismo tiempo, ella continúa ejerciendo a nivel de madre para la familia original y contradictoriamente hija-esposa para el Viejo de los Parales. Cuando leemos que Leonela desea ver a Julián, sentimos la niña que no ha dejado de ser: “!Baltasar!, ¿qué hago? Julián me mando a decir que sabe que me obligaron23. Esa sola frase de Leonela cambia la dinámica del relato. Cardoso ha creado un conflicto -triángulo amoroso- que eleva la tensión del relato: a partir de aquí habrá una dinámica diferente.


Dinámica:  Nos referiremos a tres aspectos de las funciones relacionales de esta familia: los roles, la comunicación y el control de la conducta. A través de la familia “Leonela” podemos conocer la distribución de funciones en una época y lugar determinado. El cuento, cuya data de conclusión es 1956, nos refiere que la mujer asumía las tareas del hogar y las funciones afectivas domésticas; el hombre la socialización y el trabajo fuera de las fronteras familiares24. En otros países con mayor desarrollo también la distribución genérica de los roles se comportaba parecido25.

Ahora bien, con Leonela sucede algo sui generis que es parte del nudo conflictual -y de la originalidad “cardosiana” como narrador. Ni el padre y ni los hermanos de Leonela están cumpliendo con sus roles de aprovisionadores; ella, con escasa edad, tampoco suple todas las funciones recuperativas y emocionales de su familia. Este déficit en el cumplimiento de los roles respectivos provoca que la familia esté en un momento de emergencia cuando aparecen Julián y el Viejo de los Parales. Decimos “momento emergente” porque la crisis comienza cuando la ausencia de Julián y la presencia del pretendiente de los Parales necesita de una solución26.  Recordemos que en Leonela se ha “delegado” el rol de madre sustituta, con todas las implicaciones que tiene27.  A partir de la irrupción del Viejo de los Parales se le asigna un nuevo papel: ser la aprovisionadora indirecta de la familia casándose con un hombre rico. Ya el hermano ha sido admitido en la finca de su futuro esposo. Este manejo de la narración también rebasa el estrecho marco localista para hacerse un fresco nacional e internacional; la mujer continúa siendo un objeto de canje, una fuente para mejorar las condiciones socioeconómicas de su familia de origen mediante la concertación del matrimonio.

En las páginas finales la “crisis” parece resuelta. No para Onelio, cuyo ojo genial jamás hubiera permitido un final tan sencillo: Leonela casada con el Viejo de los Parales lleva una vida triste “con aquella arruga que ni la muerte le ha quitado de la frente y que le salió al tercer día de matrimonio”.  Aparece Julián y está trabajando justamente frente a casa de Leonela, “cantando para que ella lo oyera”. Y es en una noche, “la del único beso que iban a darse”, cuando Leonela es asesinada por su marido. Leonela ha roto los convencionalismos: es una mujer que comete adulterio:  ¿debe morir? Su último rol, como personaje, ha sido quebrar una estabilidad frágil, artificial, totalmente ganancial de un matrimonio sólo por intereses materiales. Con su muerte, Onelio da una estocada también mortal a la ordinaria explotación de la mujer y del amor como valor negociable.

La comunicación en la familia de Leonela está diseñada con verdadera maestría. Familia disfuncional esta, los mensajes entre la membresía deben ser indirectos y enmascarados, como cuando el Viejo de los Parales visita la casa y el padre le Leonela dice: “Cada uno nace con su estrella…la mía ha sido desgraciada, pero quizás sean buenas las que salgan para mis hijos28 ”. La comunicación alcanzará niveles relevantes cuando el padre “hasta se enfermó de verdad” y los hermanos utilizan la culpa y el síntoma para presionar a Leonela: “! Pídele a Dios que no se muera, porque tú lo habrás matado!”29 .  Este “recurso”, síntoma-culpa, es usado convincentemente por Cardoso para “casar” a Leonela con el Viejo de los Parales.

El aspecto dinámico del control de la conducta se explica desde el comienzo de la historia. Es una familia decapitada en su jerarquía y sus funciones vitales, donde los hermanos son jugadores de brisca y dominó y el padre “no levantaba la cabeza sino para oír rumores y acobardarse siempre con el miedo a la vida”. Es perfectamente coherente la conducta de Leonela, aceptando, por un lado, el matrimonio de conveniencia y por el otro, la relación adúltera con Julián.


Casamiento y adulterio: la narrativa que pudo ser y no fue: Si el “Caso Leonela” es una historia de “ficción” cuyo dramatismo puede parecer exagerado a muchos, es bueno señalar que por momentos “se queda corta”. En las circunstancias reales, las personas no pierden la vida con tanta frecuencia. Pero el maltrato doméstico alcanza magnitudes inimaginables. El autor pudiera haber optado por dos salidas “rosas”. El matrimonio con Julián o la huida de Leonela sin Julián y sin el Viejo de los Parales. Ambas, demasiado pedestres para la rigurosa y ética narrativa de Onelio Jorge. Sugiero que veamos el adulterio, en este cuento, como un probable apéndice parabólico que no llega a desarrollarse. Semejante historia paralela hubiera dado jugo para una novelita radial de no poco éxito30. Imaginemos a Leonela y a Julián atrapados en una relación furtiva, y al Viejo de los Parales entrando y saliendo de una nube de sospechas, guiado por el padre o por el hermano de Leonela que trabajaba en su finca. No, Cardoso no desea alargar la historia. De haberlo hecho, Leonela hoy no figuraría como uno de sus cuentos más estudiados en la literatura cubana y universal. Es precisamente el final dramático y aleccionador lo que lo emblemático para una época.

Los personajes en Leonela están, además, montados sobre una complejidad psicológica asombrosa. En breves líneas, a veces en dos o tres palabras, el autor nos dibuja a todos los protagonistas del relato.

  

III.

Una personalidad -o personaje- es como la colocación de paredes con diversos “ladrillos” sobre unos cimientos. La base sobre la cual se “construye” la persona es su biología; el ambiente “constructivo”, la sociedad y la familia. Está de más decir que cada persona es distinta a otra porque el proceso, por su complejidad, es irrepetible. A veces pequeñas “pistas” nos dan una imagen de la persona, lo cual no quiere decir exactamente cómo es “en realidad” ese individuo, pero imágenes al fin, son captadas por nuestra subjetividad en forma de un todo31, percibidas en una integralidad. Observemos cómo Onelio lograba esto con una considerable eficiencia y eficacia de recursos, simples, poéticas etiquetas:

Baltasar: “ el mismo tenía muchísimo de árbol y de tierra”.

Leonela: “ninguna será tan paloma como ella”; “paloma de monte mordida en su corazón”.

Viejo de los Parales: “ese marido Viejo que ha tenido siempre los ojos tan apagados como los míos”.

Hermanos de Leonela: “jugadores de brisca y dominó”.

Padre de Leonela:  “acobardarse siempre con el miedo a la vida”.

Julián: “¿usted de da “una poca” de agua, muchacha?”.

Pueblo: “porque ahora en mi pueblo no queda nadie que no se repita en la casa de al lado”.

La Familia Leonela está construida en una “armónica disarmonía”; un equilibrio frágil por sus pérdidas como grupo y carencias espirituales y materiales en lo individual. Una alegoría de fácil comprensión con lo que sucede a nivel macro sistémico o social. El cuento no nos llega como hecho único, aislado, sino como resultado coherente de un contexto secularizador de la pobreza y la desesperanza. Por eso decimos en el título que estamos “más allá del cuento”. En Leonela sabemos de un pueblo, de unos alcaldes que se ponen viejos reelectos, de unos trabajadores ferroviarios sin tramo fijo, de hombres ricos que compran a hombres pobres sus hijos y sus hijas, de un pueblo que se acostumbra al cansancio “de ir hacia la muerte con paso municipal”.

Onelio es un excelente “compactador” de historias en la historia. Como hemos esbozado antes, la narrativa de cada personaje y su relación con otros puede dar mucho más que ocho o nueve páginas. Al “desmontar” Onelio cada personaje y dejarlo casi en el hueso, en lo elemental, lo poético o sumun significante, estamos asistiendo a una lección evocadora: corresponde al lector continuar el relato y sus ramificaciones paralelas. En ese sentido, Cardoso no toca directamente lo social o económico en Leonela. Es innecesario.

Antes de concluir, desearía citar al menos dos o tres consideraciones que en el orden psicológico y familiar parecen logros excelentes de la obra:

  • Ningún personaje es “malo” o “bueno”. El más “negativo”, que es el Viejo de los Parales, queda eclipsado ante las actitudes traidoras del padre y los hermanos de Leonela, perfectamente comprensibles en un mundo y con una historia semejante. Esa característica de ser “personajes medios buenos o medios malos” aporta la humanidad necesaria para ser dianas de proyecciones en lectores y pacientes en debates literarios.

  • Ningún personaje, situación o lugar parecen totalmente “concluidos”. Esa intención de Onelio permite que el lector o el terapeuta pueda “crear” otros “mundos” u otras narraciones particulares.

  • Leonela sobrepasa los límites del sistema familiar. Es un excelente ejemplo de la relación entre singularidad y generalidad con sentido dialéctico.


Más allá de Onelio: Al repasar brevemente la obra del “cuentero mayor” se tiene, de pronto, la sensación de que se ha hecho una selección injusta. Otras obras como “Mi hermana Visia”, “Estela”, “Un brindis por el Zonso” o “Los carboneros” tratan con mayor o menor intensidad a la familia cubana campesina en una época determinada. Onelio Jorge Cardoso utilizó ese grupo humano, la familia, con sabia maestría tanto desde el punto de vista de sus relaciones dinámicas, como su organización estructural.

Pero suponemos que el objetivo del “cuentero” no era rasgar la epidermis. Al introducirse en el agrio mundo de la miseria y la muerte prematura en las familias, el autor destapaba una a una sus cajas mágicas, enseñando en cada aparición, un conflicto que sobrepasaba ese nivel. La de Leonela es esa familia campesina, dolida hasta la médula, que pudo ser y no fue. Una historia trunca, como tantas otras, en cualquier tiempo y espacio.  

 

Notas:  

1 Bueno, S. “Prólogo”, en: Valoración Múltiple, Onelio Jorge Cardoso. Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1988. 7-8.

2 Entrevistas, en: Valoración Múltiple. Ob. Cit. 46.

3 Le Riverend, J. Capítulo XVIII: La dictadura de Machado, en: La República. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1973. 241-278.

4 Ibid. Ob. Cit. 7.

5 Entrevistas. Ob. Cit. 39.

6 Ibid. Ob. Cit. 37.

7 Otras opiniones, en Valoración Múltiple, Ob. Cit. 433-457.

8 Para comprender con mayor objetividad este criterio es imprescindible ver: Josefa de la C. Hernández Azaret. Algunos aspectos de la cuentística de Onelio Jorge Cardoso .Editorial Oriente, Santiago de Cuba. 1982.

9 Arias, S. “Nino”, en: Valoración Múltiple. Ob. Cit. 279-328.

10 Turton, P. Un escritor de la Revolución Cubana. Ob. Cit. 137.

11 Padrón, F. El subsistema del narrador. Ob. Cit. 235.

12 Cardoso, O.J. Leonela. En: Cuentos Escogidos. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1989. 86.

13 Cardoso, O.J. Ibidem. 87.

14 Ibidem. 86.

15 Ibidem. 92-93.

16 Ibidem. 87-88.

17 Ibidem. 93.

18 En torno a las referencias, las resonancias y los ensamblajes se han hecho varias citas. Tratamos de aclarar al pie de la página cada término y recomendamos al lector interesado consultar dos textos elementales: von Foerster, H. “Disorder and Order, Proccedings of the Stanford International Symposium”, Stanford, Anna Libri, 1984 y Maturana, H.R.; Varela, F.J. “El árbol del conocimiento: bases biológicas del entendimiento humano”. OEA, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1985.

19 Límites Familiares: reglas conscientes o inconscientes que la familia establece para otros sistemas y entre generaciones o individuos de un mismo grupo. Límites rígidos provocan que el grupo o o los individuos queden “desenganchados” y los límites muy porosos, muy flexibles, provocan “enredamiento” de individuos o subsistemas en otros. Ver: Minuchin, S. Families & Family Therapy. Harvard University Press, Cambridge, Mass, 1974. 54-55.

20 Ob. Cit. 89.

21 Ob. Cit. 89.

22 Ob. Cit. 92.

23 Ob. Cit. 93.

24 Roles: totalidad de expectativas y normas que un grupo tiene con respecto a la posición y conducta de un determinado individuo dentro de ese grupo. Ver: F.B. Simon, H. Stierlin, L. C. Wynne. Vocabulario de Terapia Familiar. Editorial Gedisa, Primera Edición, B. Aires, Argentina, 1988. 315-319.

25 En los Estados Unidos de América, durante la década de 1950 se daba esa asignación de roles en la familia. Ob. Cit. 316.

26 Como se ha señalado, un momento o situación emergente es aquella donde el individuo, con sus propios recursos, puede vencerla. Ello no acarrea cambios de segundo orden. Las crisis son cualitativamente nuevas y solo se sobrepasan satisfactoriamente con cambios estructurales.

27 La Delegación es encargar a un miembro las misiones de otro. “Las personas delegadas prueban su lealtad cumpliendo conscientemente la misión que les han encomendado”, en: Vocabulario de Terapia Familiar, Ob. Cit. 101.

28 La comunicación indirecta es aquella que se produce a través de terceros y enmascarada cuando no explicita los objetivos: si es información o mandato. Ver “Leonela”, Ob. Cit. 89.

29 El síntoma como comunicación y como en función coercitiva.  Ob. Cit. 92.

30 Onelio Jorge Cardoso era guionista radial en aquella época.

31 Para el Constructivismo lo importante es que esas imágenes “encajen” - fit o acomodo - en nuestra subjetividad para que sean viables al conocimiento, no importa cuán “reales” puedan estas ser. Ver: Glasersfeld, E. v. “El Constructivismo Radical: dos perspectivas”, en: Revista de Psicoterapia y Familia, México, D.F.  1989: 2 (2). 36-40.  

 

 

 

 

 
 
 

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