El duro camino a la Infelicidad *
- Francisco Almagro

- hace 2 horas
- 4 Min. de lectura

Entre lobos
Uno de los cuentos infantiles más conocidos y antiguos es “La Caperucita Roja” Se cree es una vieja historia francesa del siglo XII y de trasmisión oral hasta que el escritor Charles Perrault la incluyó en “Cuentos de Antaño”[1]. Como todas las narraciones infantiles, encierra una gran moraleja filosófica: nunca debes acercarte a lo desconocido. La narrativa se explica porque en esos años eran frecuentes los asaltos y secuestros de jovencitas. “La Caperucita Roja” fue entonces más una advertencia que una fábula para ser contada o leída en la cama a los pequeños antes de dormir.
Volvamos a la trama. En marcha para ver a la abuelita enferma, Caperucita se encuentra con el lobo en el bosque. Con ingenuidad le dice donde vive la abuela, y el propósito de su visita. El lobo, quien conoce mejor el bosque, indica el trayecto más largo a la casa, mientras él toma el más corto para llegar antes y comerse a la anciana. Es la primera enseñanza: dejarse llevar por individuos “lobos” de los cuales nada sabemos garantiza el infortunio. Hubiera sido más seguro para la niña tomar otra vía aunque fuese más distante -nunca dejes camino por vereda, decía la otra abuelita, la mía. En la vida siempre estaremos ante dos o más distancias para llegar al mismo sitio. El llamado GPS -Sistema de Posicionamiento Global, en español- nos ofrece opciones. Pero la decisión final de qué vía tomar y sus consecuencias será nuestra. Con frecuencia, el camino corto no siempre es el adecuado, tal vez por sus resultados, o sencillamente porque otros han tenido la misma idea y lo que parecía cercano se torna repleto de obstáculos.
Después el cuento pasa al momento crítico: la conversación entre la niña y el lobo. Aquí, otra moraleja importante: saber identificar el peligro. A menudo la infelicidad no es otra cosa que inadvertir el riesgo, el probable fracaso. No es fácil, por supuesto. Los lobos se disfrazan. Con frecuencia lo que vemos es la piel de una oveja.
Es una declaración algo pesimista pero los seres humanos nacemos, crecemos y morimos rodeados de lobos. Uno de esos cánidos salvajes es la infelicidad, la incapacidad de disfrutar la salud física, mental y social. Pero incluso cuando padecemos de algún problema en una de esas esferas de la existencia, siempre hay alguna forma de manejarla, ponerla en función de nuestro bienestar, o de “mejor estar”.
Una parábola Cherokee ilustra este punto donde el camino a la felicidad o a la infelicidad se define en el interior del ser humano, y no por ninguna fuerza externa. Un niño pregunta a su abuelo sobre la lucha interior entre el bien y el mal, la paz y la guerra, el amor y la ira. El abuelo contesta que imagine dos lobos enfrentados entre sí. Uno representa el mal, la guerra, la ira. El otro, el bien, el amor y la paz. ¿Quién ganará?, pregunta el niño. Ganará, responde el abuelo, el lobo que alimentes[2].
Sin apartarnos de estas historias lúpicas, la duplicidad en la profundidad del ser humano ha motivado novelas de diferente aire. Así, en “El Lobo Estepario”, del Nobel de Literatura Hermann Hess[3], asistimos a la lucha entre el espíritu humano y su realización social, y ese otro lado oscuro, el “estepario”: frio, solitario, donde la búsqueda de la identidad, del Yo, es, en definitiva, la búsqueda de la felicidad; conjunción entre pensar, sentir y hacer coherentemente. La escisión es lo contrario, la infelicidad, es el ser humano roto como un espejo fragmentado que imposibilita tener una imagen clara de sí mismo.
Sin duda, el camino más difícil para el ser humano es la infelicidad. Hemos sido dotados de herramientas infalibles para lograr lo contrario, y aun así insistimos en los mismos errores, en caminos inciertos y en relaciones opacas. Alimentamos el lobo del desamor y la confrontación cuando estamos provistos de una energía inextinguible llamada amor, y la capacidad de vivir el Aquí y el Ahora como ninguna otra especie sobre la Tierra.
La palabra “diábolos” en griego se identifica con el mal. En una de sus acepciones significa “engañador”. De tal manera, siempre detrás de la mentira y la simulación estará la presencia del mal, del diablo. En la obra maestra de Goethe, Fausto, Mefistófeles -quiere decir el que no ama la luz- es persuasivo, intelectual, viste con elegancia. Su poder de seducción radica en la lógica del poder, en la tentación humana del control sobre todas las cosas, que es, en definitiva, la misma descrita en el Genesis cuando el hombre rompe el pacto con Dios y come la fruta del Árbol del Conocimiento.
La infelicidad, como la noche, es esa ausencia de luz como el frio es la ausencia de calor. La infelicidad es aquello que sucede cuando ocupa el vacío que ha dejado la felicidad. Decía mi padre, con toda la sabiduría de haber vivido bastante feliz, que los momentos alegres debían alargarse lo más posible. Los malos momentos vendrían sin buscarlos. Para entonces los primeros eclipsarían los segundos. De eso se trata todo. El presente texto está inspirado en sus juiciosas palabras.
Notas:
[1] Existen varias versiones de La Caperucita Roja. La primera escrita, de Perrault, se publica en 1697 en Histoires et contes du temps passé, avec des moralités. Contes de ma mère l'Oye. Tiene tintes de crueldad y erotismo. La niña acuesta desnuda junto al lado y no hay leñador que la salve. En la versión de los Hermanos Grimm hacia 1812, más inocente, aparece el leñador salvífico, y la ausencia de los rasgos eróticos es la versión más conocida que la del francés.
[2] El pueblo Cherokee e uno de los más extendidos y numerosos de Norteamérica. Se calcula que hay cerca de un millón de descendientes y que de sangre pura alrededor de un cuarto de millón. Era de las más avanzadas tribus originales, conservando su cultura e idiosincrasia hasta el presente.
[3] Nobel de Literatura en 1946. Hess ha sido uno de los escritores más estudiados en el campo de las letras universales. Dijo que “El Lobo Estepario” era de sus libros más incomprendidos pues el lector se quedaba en lo superficial y no penetraba en la multiplicidad del alma humana. Su criterio de la infelicidad: ser un “estepario”, vivir en la soledad, el desarraigo, y la inadaptación a las circunstancias.
*Texto en preparación.





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