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EN POCAS PALABRAS

  • Foto del escritor: Francisco Almagro
    Francisco Almagro
  • 11 ene
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 11 ene

Últimos días de la Hacienda

Granada 2.0

Invasion norteamericana de Granada. 1983. Wikipedia
Invasion norteamericana de Granada. 1983. Wikipedia

Por Francisco Almagro Domínguez

Recuerdo con absoluta nitidez donde estaba al mediodía del 25 de octubre de 1983. Mi madre y yo regresábamos en taxi a casa. El chofer tenía puesto la radio a todo volumen. El locutor con voz luctuosa dijo que los últimos seis cubanos se habían inmolado abrazados a la bandera cubana durante la invasión norteamericana a la Isla de Granada. Del rostro de mi madre saltaron algunas lágrimas. Mi madre, nunca involucionaria y menos materialista, solo balbuceó que aquello era una tragedia. Según el informante, y más allá de lo que estuvieran defendiendo, cientos de cubanos habían perdido la vida en el primer enfrentamiento directo con el ejército de Estados Unidos.

A los pocos días apareció un avión trayendo decenas de constructores vivos, sonrientes, alguno con banderita en la mano; los hubo hasta con maletines, como si vinieran de unas largas vacaciones. Pero siempre hay quien “joroba” la fiesta: uno de los heridos confesó que, de pronto, se vio solo en el parapeto. Todos habían corrido, incluyendo a coronel Pedro Tortoló, con órdenes expresas del Difunto Comandante de morir combatiendo al enemigo. Se ha dicho muchas veces: entonces el régimen enseñó por primera vez su verdadero rostro, el de la mentira, la manipulación psicopática, ofrendar la vida ajena para salvar la suya.

Gracias a un exitoso control de daños, Granada pasó de una derrota y la evitación de un suicido colectivo a un hecho puntual: los jefes cubanos se “arratonaron”. Y surgió entonces el Ordeno Numero 1: “La orden de combatir siempre está dada”’; las mismas palabras usadas por quien hace el papel de presidente en la tragicomedia cubana 11 de julio, con el pueblo en las calles de la Isla. Para vergüenza ajena, muchos compatriotas desfilaron frente a las cámaras, palos y cabillas en mano, dispuestos a partirle la cabeza a sus propias madres si así lo “ordenaban” -una muestra de hasta donde la Involución ha degenerado a su propia gente.   

La Involución fue exitosa al controlar la narrativa angoleña y Etíope. El ejército cubano no fue otra cosa que mercenarismo puro y duro en ambos países. Por sus “servicios altruistas e internacionalistas” el régimen recibía apoyo material de la ex Unión Soviética en armas y otros recursos.  Cifras conservadoras hablan de 10,000 bajas mortales -el régimen solo acepta cerca de 3,000- decenas de miles de heridos, incluyendo civiles y militares, estos últimos jovencitos del Servicio Militar sin experiencia combativa previa. Nunca el régimen ha publicado las cifras de quienes quedaron con Trastorno de Estrés Postraumático, lisiados, o familias destruidas. Suelen hablar de la tragedia para el pueblo norteamericano en Vietnam, no de la suya. Y la guerra es la guerra, con consecuencias para todos, sin importar si se tiene o no la razón.  

Ha vuelto a ocurrir el sacrificio de vidas de cubanos, independientemente de la bandera bajo la cual combatían. El desgobierno involucionario sabía muy bien por sus fuentes de inteligencia que una operación para la extracción -lo llaman secuestro- del capo Nicolas Maduro estaba en marcha. No era una operación cualquiera. Conocían desde Granada que la Delta Force no son solo una elite militar. Son los mejores del mundo. Pero esta vez, y gracias a que ya no dominan el espacio virtual ni el “real”, no han podido controlar y manipular el hecho que Venezuela es un país invadido por fuerzas militares cubanas; que el presidente impostor tenía una guardia pretoriana insular. Es muy probable que los oficiales subalternos y los civiles cubanos con disfraces de soldados nunca supieran la magnitud del enfrentamiento por venir. O creyeran que los combatientes de las fuerzas especiales nunca se atreverían. Un par de horas bastaron para, como antes fue en Granada, romper el mito de la invencibilidad castrista.    

Con preocupación el Órgano Oficial del Partido Comunista está arengando a la provocación y el suicidio (del pueblo, no de quienes lo proponen).  No han aprendido nada. No quieren aprender. Como en Venezuela, movilizan cuatro ancianos y dos chivatos con fusiles de la época soviética en el Dia de la Defensa. Inflamaban de odio y resentimiento a la población, y el blanco preferido es el Secretario de Estado Marco Rubio, sin duda la estrella que más brilla en el estamento político norteamericano, aprobada su nominación por casi el 100 % de los congresistas -hecho casi inédito-, y para colmo, descendiente de cubanos.     

Vivimos en otro siglo donde se impone el pragmatismo y no la ideología, la negociación y no el atrincheramiento . El contexto, dicen los expertos, determina las conductas. Hoy el ambiente en Cuba es de frustración generalizada, desencanto, ira. El 7/11 fue una muestra de la necesidad de cambio. La represión descarnada, una muestra de que no habrá límite para impedirlo.  

La narrativa numantina no tiene cabida en el nuevo escenario. La ausencia del ex Máximo Líder y sus discursos de inmolación, una generación en la miseria económica, moral y espiritual, y la ausencia de un efectivo respaldo militar, económico y diplomático de las grandes potencias antinorteamericanas ponen a la Involución contra las cuerdas. Narrativa y contexto actuales diferentes a Granada 83:  un general-ex presidente que se exhibe solo en ocasiones especiales como un tótem de la “tribu involucionaria”;  un grisáceo ventrílocuo que hace el papel de presidente y que nadie respeta, a quien no llaman Coma-andante, Tiburón, Mayoral,  Asno con Garras o Indio, sino Sing… epíteto insular de baja moralidad. Por último, Cuba es un país en bancarrota absoluta, a la cual ni sus patrocinadores dictatoriales han logrado arrancar mínimas reformas.  

Pero lo que más debe preocupar al régimen es el silencio en las redes sociales sobre la muerte en combate de los “segurosos” que  “aseguraban” el petróleo en la neocolonia venezolana.  No ha habido una lagrima fuera de la Isla, ni siquiera compasión por esas vidas sacrificadas en el altar de la ignominia, vidas cubanas que, como en Angola, Etiopía o Granada defendían regímenes impopulares y antidemocráticos. Todo lo contrario, y preocupa hasta donde ha llegado a calar el rencor entre nosotros, cuando hay regocijo por la muerte de estos compatriotas, sin duda en el lado equivocado de la Historia.

Los cubanos en la Isla deben ser conscientes de que estos sociópatas han sacrificado vidas ajenas desde el día en que atacaron la segunda fortaleza militar cubana hace más de siete décadas. Y lo han hecho de nuevo. Y lo volverán a hacer. Es quizás, junto a la mentira, lo único que saben hacer bien. Parafraseando a Julius Fucik en Reportaje al pie la horca: “El telón se levanta. Cubanos, los amamos. ¡Estad alertas!”.

 
 
 

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