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ULTIMOS DIAS DE LA HACIENDA

  • 5 abr
  • 4 Min. de lectura

De Cuba a la Luna…  

Foto de la Tierra desde Artemis II. NASA
Foto de la Tierra desde Artemis II. NASA

Por Francisco Almagro Domínguez.


Una de las tareas fundamentales del Órgano Oficial del Partido es hacer creer a los cubanos que Cuba es importante para el mundo. Para quienes lo ignoran, el Órgano es el “rector” de toda la información insular. Todo lo que allí se publique o "despublique”, se ignore, no ha sucedido. En Cuba no circula otra prensa, radial o televisiva que escape, parafraseando a Lezama, a la “definición mejor” del Partido Comunista y del Departamento de Desorientación Involucionaria.  

En otra época, las páginas del Órgano Oficial era revisadas personalmente por el Difunto Líder. No sabría decir si los heraldos del Continuismo tienen esa misma capacidad escrutadora. Lo que si queda claro es que el anti-periodismo de hoy quedara como material de estudio para las escuelas de agitación y propaganda. Desde siempre el Órgano mintió, tergiversó, “escondió la bola”.  El control de la información, cribada por segurosos y comisarios del Departamento de Desorientación Involucionaria iba desde el Cabo San Antonio a Maisí. ¡Ay de aquel Órgano Menor -provincial, municipal- que desafiara lo que el Órgano Mayor dictara como verdad incuestionable!

Al revisar por oficio y purga matinal las páginas de los últimos días, hay dos hechos que merecen atención, no por lo que el Órgano Oficial diga, sino por lo que calle. En primer lugar, ha sido la Semana Santa o Semana Mayor. Cuando en cualquier lugar del mundo cristiano -y Cuba, muy a su pesar, lo es por idiosincrasia e historia- la Iglesia da su mensaje de paz y reconciliación, el medio materialista se cree salvado con un supuesto encuentro ecuménico del Presidente Designado con un puñado de lideres cristianos extranjeros.

Si la intención era propagandizar el ecumenismo, que no es otra cosa que el encuentro fraterno entre todas las religiones, bien podrían haber citado a los obispos católicos cubanos, incluyendo al Cardenal Juan, y a representantes de otras iglesias cristianas. Evidentemente, el propósito era político, como siempre lo es: hacerle creer a los cubanos que toda la iglesia católica y protestante, universal y local, esta contra el embargo y a favor de la Involución cubana.

No ha aparecido una sola letra en referencia a nuestras tradicionales procesiones, censuradas, obliteradas, restringidas a veces a caminar dentro de los templos. No hay una sola línea para instruir a los cubanos de la Isla sobre el significado cultural del evento religioso más importante en Occidente, la región geográfica e idiosincrática a la cual pertenecemos, y que con saña y premeditación han tratado de borrar por más de medio siglo. No hay una frase de amor por el Domingo de Resurrección, cuando las democracias occidentales celebran fiestas y agasajos.  

No mencionaremos por evidente la desfachatez de defender el régimen teocrático de Irán, obviando que hace solo un par de meses masacraron miles de personas por exigir derechos humanos básicos. Tampoco que se alegran con las victorias rusas sobre Ucrania, un conflicto complejo, donde se ha reportado la presencia de mercenarios cubanos. Menos aún que el obeso dictador de la satrapía coreana ha lanzado hace poco otro cohete balístico a costa del hambre y la libertad de millones de ciudadanos.

Donde el Órgano Oficial parece haber roto el estambre de lo miserable es en ocultar el hecho científico del lanzamiento hacia la Luna de la Artemis II. No existe referencia alguna al hecho científico-técnico más importante en lo que va del Siglo XXI. La nave entró satisfactoriamente en el espacio 1 de abril, con cuatro tripulantes. Durante diez días viajara a circunvalar la Luna. Artemis II ensaya la posibilidad de establecer sobre el satélite natural la futura base desde donde despegar a Marte venciendo la resistencia de la gravedad terrestre. La proeza técnica y científica necesita ocultarse pues según el Órgano Oficial, el Imperio está en la “fase final del capitalismo” -eso en psicología psicoanalítica se llama proyección.      

El ocultamiento, como todo el engaño sobre historia, política, ciencia y deporte a que nos tiene acostumbrados el Órgano Oficial,  demuestra que con estos individuos es muy difícil tener un dialogo serio, creer en su palabra. Y es, sin duda, un arma obscura para la salud y el bienestar de los ciudadanos cubanos. Su impronta propagandista, sin posibilidad de respuesta opositora en los medios de información dentro de la isla, hace del Órgano un cómplice que bordea la criminalidad. Sus gestores y escritores deberían estar conscientes de que su futuro es incierto y hasta punible.     

 Durante la epidemia de Covid-19 fueron capaces de mentir sin el más mínimo recato. La “culpa” de que no hubiera suficiente oxigeno era del “bloqueo”, que impedía trabajar a la plantas de procesamiento, no de la invitación irresponsable a visitar la Isla en medio de la pandemia. Hoy no sabemos a ciencia cierta cuantos quedaron lisiados y ciegos durante el mal llamado Periodo Especial por avitaminosis carencial. No mentir le costó el puesto a un viceministro, y jamás el Órgano Oficial reconoció el error de diagnóstico mientras repartían tabletas de vitaminas a toda la población.    

O el Dengue Hemorrágico, cuya causa eficiente fue la insanidad rampante y la desidia, no un mosquito ‘imperialista” lanzado como una bomba biológica sobre la mal nutrida población cubana. Han mentido con epidemias como la del colera, dándole el apelativo de “síndrome diarreico agudo”, que es una peligrosa indefinición.  Y el caso más repugnante sucedió en los años 80; responsabilizaron a un coreógrafo cubano,  homosexual para más escarnio, de ser el introductor del VIH en Cuba cuando quien escribe da testimonio de que fueron militares cubanos destacados en Angola quienes primero contrajeron el mortal virus en aquella época.

La función del Órgano Oficial es llevar a los cubanos a quedarse en la Luna, la de Valencia. Cuenta la historia que las murallas de la ciudad en tiempos medievales se cerraban alrededor de los 10 de la noche. Los distraídos y rezagados no podían entrar, así que dormían a la intemperie, perdían el calor de los hogares, la vida nocturna de la ciudad. Ese parece ser el cometido del Órgano Oficial: que los cubanos de la Isla se queden fuera del mundo, que no es perfecto, pero como dijera Pablo, se acerca a lo que yo simplemente soñé.

 
 
 

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