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EL DURO CAMINO A LA INFELICIDAD

  • Foto del escritor: Francisco Almagro
    Francisco Almagro
  • hace 2 horas
  • 7 Min. de lectura

Fácil Felicidad*  


DELHI, INDIA. Tomado de UNPLASH
DELHI, INDIA. Tomado de UNPLASH

Convengamos que la palabra felicidad encierra una trampa: se puede ser “feliz”  un tiempo, pero no se puede ser feliz “todo el tiempo”. Es, además, una definición subjetiva. La cota temporal, la obsolescencia del “momento feliz” y cambiar de acuerdo con cada persona es lo que haría preguntarnos qué es la felicidad y cómo amplificar su presencia. La Organización de Naciones Unidas (O.N.U.) ha tabulado el bienestar humano con siete ítems y lo ha llamado Índice de Felicidad.[1]

El primero evalúa la denominada Satisfacción con la vida, que no depende de la respuesta del gobierno ni de una institución no gubernamental. Toma una escala del 1 al 10 para preguntar cuán contentas están las personas con su diario vivir. Puntuaciones más altas hablan de mejor dicha. Aquí, sin duda, se impone la subjetividad. Recuerdo una historia contada por Deepak Chopra[2] en uno de sus primeros libros sobre dos damas inglesas que al ver un santón sentado sobre una alfombra y sin más atuendos que su bata, le dicen que Delhi es preciosa pero que debería ver Londres.

-Señoras -responde el asceta-. Londres está dentro de mí.

Otro aspecto es el del Producto Interno Bruto (PIB) que la O.N.U. considera un pilar de la felicidad, aunque puede ser debatible. Muchos de los países con más alto PIB del mundo como Estados Unidos, China y Alemania no son los “más felices”.

Ciertamente, en la medida que se tengan empleos decorosos, y la industria proporcione bienes y servicios abundantes, mejorará el bienestar de la población. Hago presente el clásico refrán de que las estadísticas, como el bikini, enseñan todo menos lo fundamental. O la otra interpretación de las matemáticas frías: si repartieran dos pollos,  y usted se come los dos, yo ninguno, la “data científica” dirá que cada uno se ha comido un pollo.

El llamado apoyo social es otro indicador de felicidad. Se refiere a cómo se organiza la sociedad para socorrer al ciudadano en momentos difíciles. De nuevo, la subjetividad y la idiosincrasia van de la mano. El sostén de una sociedad no es posible, aunque estén presentes las organizaciones civiles y gubernamentales, si no existe una vocación de solidaridad y subsidiariedad individual.

Lo último necesita una breve explicación. Significa que el Estado y las personas se complementan, hay una co-construcción donde el más favorecido asiste al menos aventajado.[3] La idiosincrasia latina tiene tendencia al apoyo solidario dado que los límites entre las personas son bastante porosos. La desventaja de tal “porosidad” es lo que llaman “amalgamiento” o “atrapamiento” que en lenguaje coloquial significa que la gente se mete donde no los han llamado[4].

Contraria es la “manera de ser” de la cultura anglosajona. Los limites suelen ser inflexibles, rígidos. La consecuencia es que las personas se desentienden unas de otras, y la comunicación y la empatía se hacen más difíciles. Sin embargo, una gran cantidad de pueblos anglosajones son altamente desarrollados y califican de muy satisfechos, lo cual demuestra que no por simples distancias se es más o menos feliz. Lo importante en este acápite es poseer una adecuada red de apoyo, familiar, social y laboral; que los límites entre seres humanos operen de acuerdo con las necesidades de cada uno, proveyendo seguridad y confianza, componente básico para la felicidad.

Las Naciones Unidas opinan que tener una vida saludable es otro factor para el bienestar. Esto no tendría objeción alguna si no fuera porque definir “vida saludable” a veces se torna complejo. Hace una década se consideraba “no saludable” comer más de tres huevos a la semana. Hoy recomiendan dietas elevadas en grasas y proteínas. El huevo no tiene restricciones de consumo. Es posible que “vida saludable” es aquello que la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) denomina “Salud Integral”: el estado de bienestar físico, mental y social, y no a la ausencia de enfermedades.

Desde esa perspectiva se puede tener una enfermedad crónica y estar “saludable”. Nuevamente la percepción del individuo tiene gran valor. La persona puede ser diabético, hipertenso, asmático y estar controlado en sus niveles de glucosa sanguínea, tensión arterial, y dificultad respiratoria. Hace ejercicios, toma sus medicamentos, visita al médico con regularidad, duerme, come, tiene sexo y se divierte “bien”. No está libre de enfermedades, pero no es un “enfermo”.

Tres países escandinavos repiten en el “Top Ten” de la felicidad todos los años: Finlandia, Islandia y Suecia.  Finlandia tiene una esperanza de vida para los hombres de casi 80 años, y la mujer de 85. Pero reporta niveles elevados de alcoholismo y enfermedades cardiovasculares. Islandia tiene un promedio de vida para hombres y mujeres de 82.3 años, lo cual hace suponer que los habitantes de la gélida isla padecen enfermedades crónicas como cualquier otro adulto mayor del Continente. Y Suecia, siempre entre las naciones más felices, hasta hace pocos años lideraba las tasas de suicidio universal.

La libertad de los ciudadanos es una referencia añadida al Índice de Felicidad. Es complicada la definición pues señala que es la ausencia de trabas para tomar decisiones personales y comerciales. La libertad la divide en dos: Índice de Libertad Humana (HFI) e Índice de Libertad Económica (EFI).  Cada una necesita considerar decenas de ítems, lo cual no es objetivo de este texto. Basta saber que, en resumen, trata de que el individuo sea capaz de tomar decisiones sobre su vida, el trabajo, la sociedad y de ser respetado, protegido, por tales decisiones[5].               

La generosidad es para la felicidad el acto de ejercer la caridad hacia los más necesitados, y no solo desde el punto de vista material. No se trata de “donaciones” que encubren evasiones fiscales. Hay un elemento de regocijo propio, de bienestar cuando damos algo al otro. No estamos regalando. Nos estamos regalando a nosotros mismos. Es ver en el otro la felicidad que también deseo para mí. Por eso los viejos aconsejan regalar a los demás cosas que para uno tendrían valor especial, nunca lo que sobre, ni lo más barato, o lo que fue regalado. Una sociedad generosa es una sociedad de personas felices que se dan a otros, la Otredad, aun cuando las desgracias, y por esa misma razón, han tocado a la puerta.

Por último, las Naciones Unidas han creído oportuno señalar la ausencia de corrupción como un factor básico para la felicidad de los ciudadanos. La corrupción entendida como la doble moral, la hipocresía, la ausencia de valores éticos. Las sociedades fallidas mueren por la corrupción -nunca mejor símil- porque corrompen todos los estamentos sociales y económicos, haciendo imposible gobernar y producir eficaz y eficientemente. Influye en la felicidad de los individuos pues se pierden los principios que rigen la concordia y la paz. El ser humano se convierte en “lobo del hombre”. Un depredador peor que las bestias, porque ellas matan para comer, y el corrupto depreda solo para aumentar su poder sobre los demás.

Aunque parezcan difícil alcanzar, estos parámetros que las organizaciones mundiales consideran imprescindibles se dan de manera natural. Son entramados sistémicos: se articulan formando un conjunto donde la ausencia o el quiebre de alguno repercute en el otro y conduce a la infelicidad.

Según lo expuesto, una sociedad y ciudadanos felices parecen inalcanzables. Quizás la explicación a tal afirmación está en que conocemos más personas desdichadas que otras, y ensombrecen lo evidente: buscar la felicidad o los momentos felices es el destino del hombre. Nacemos y crecemos, maduramos y luchamos para tener cierto estado de bienestar. Estamos dotados, como ningún otro ser viviente, para lograrlo. Ese camino, natural y deseable -nadie nace para ser un desgraciado, aunque muchos crean que es así- se tuerce en cierto punto y se vuelve único. Como una adicción, casi siempre inconsciente, buscamos como hacernos la vida difícil, dura, complicada, amargada, como diría Paul Waztlawick.[6]

Desgraciadamente la “dura búsqueda de la infelicidad” parece ser el destino de muchas personas. La pesquisa y su afianzamiento comienza desde muy temprano, como veremos en el siguiente capitulo.     

 

 NOTAS:

  [1]Felicidad: hacia un enfoque logístico del desarrollo: resolución adoptada por la Asamblea General: archivado desde el original 23 de Octubre 2018.


 [2] Deepak Chopra (Nueva Delhi 1946) es un reconocido médico, conferencista y escritor indio con una importante influencia en Occidente en la última mitad del Siglo XX. Chopra, muy mediático entonces, tomó la ola del auge de la medicina alternativa en Europa y América a las cuales unió las antiguas tradiciones curativas hinduistas. Su fama ha decrecido en la medida que muchos científicos se han vuelto sus detractores, calificándolas de “magia” y seudociencia”.  Sin embargo, y en los terrenos de la filosofía y la psicología, hay interesantísimos aportes para comprender la naturaleza humana, como el ejemplo citado.

 

[3] La subsidiariedad no significa clientelismo político, ni suplantación del individuo o la empresa por el Estado, como suele pasar en las dictaduras totalitarias. Es una relación entre desiguales cuyo objetivo es que el subsidiado se convierta en independiente.    

[4] Salvador Minuchin, medico terapeuta familiar y creador de la llamada Terapia Estructural daba mucho valor a aquellos espacios personales y sociales que evitan conflictos por ser extremos: muy flexibles o inflexibles, condicionando amalgamientos y desentendimientos, respectivamente. Sus aportes serán citados en varias ocasiones durante el presente texto. .  

  

[5] Es, quizás, uno de los índices de felicidad más valorados por el ser humano. No puede verse desligado de los anteriores porque todos están engranados a modo de una un sistema donde se complementan. Para tener una idea de la complejidad de este elemento de la felicidad, el Índice de Libertad Humana evalúa 86 ítems. 

[6] Paul Waztlawick ((Villach, Austria, 25 de julio de 1921 - Palo AltoCalifornia, EUA, 31 de marzo de 2007) fue un psicólogo y filosofo que formó parte del equipo pionero de la Terapia Familiar y teórico de la comunicación humana. El presente texto está inspirado en su libro “El arte de amargarse la vida” donde el autor combina humor y sabiduría.


*Texto en preparacion.   

 
 
 

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