EL DURO CAMINO A LA INFELICIDAD
- 26 ene
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3. De niño sí se vale
Este capítulo debería ser leído por los padres. La ruta a la infelicidad comienza bien temprano. Y son los padres quienes como hábiles jardineros deben desbrozar la maleza para que los frutos, sus hijos, crezcan, maduren, y sean “socialmente comestibles”. Eso no quita al individuo responsabilidad al crecer. Un adulto que se siente desdichado, infeliz, debe buscar ayuda para por el mismo, y corregir el rumbo.[1]
Hace años ciertos autores usaron la analogía de la alimentación para explicar cómo los padres cometían errores que influían de forma decisiva en la formación de la personalidad de los hijos. Lo llamaron Nutrición Emocional. Señalaban que, como mismo una buena alimentación era tener una dieta rica en proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales, las emociones también se “nutrían” en los infantes. Las porciones y los horarios debían ser ajustados a la edad y los tiempos. La nutrición de emociones no es otra cosa que aportar seguridad, cariño, comprensión, y sobre todo empatía -colocarse en el lugar de ellos. Los niños, como las frutas, necesitan del Sol, agua, abonos, quitarle las malas hierbas, y protegerlos de los depredadores.
Teniendo en cuenta la equivalencia, el niño puede crecer con desnutrición o con obesidad emocional. En el primer caso, la ausencia de seguridad, de calor humano, de una relación empática donde los adultos sean capaces de comprender qué quiere y qué necesita el niño, puede conducir a una personalidad osca y suspicaz, donde el engaño y la indiferencia hacia los demás es pasaje seguro a la confrontación y el desajuste social. Un pequeño con Desnutrición Emocional es un “lobo estepario” incapaz de labrar por sí mismo el camino hacia la felicidad propia y de los demás.
La Obesidad Emocional es todo lo contrario, tan o peor que la anterior. Son niños consentidos, mimados, crecidos en la artificialidad del hogar sin confrontarse con la realidad “de la calle”. Es el llamado Niño Bonsái: aquel a quien poco a poco han ido cortando las raíces y no crece, no tiene raíz para fijarse al suelo y captar los nutrientes[2]. Es el niño sobreprotegido, “trajinado” en las escuelas, el bulling en inglés. Al carecer de mecanismos para defenderse y adaptarse según las circunstancias, busca un “defensor” que a veces no es otra cosa que el “trajinador” o acosador, quien espera con sus afilados colmillos de carencias de amor en un aula, la oficina, la fábrica y en una relación matrimonial.
Tanto los desnutridos cómo los obesos emocionales son incapaces de disfrutar ‘momentos felices”. Escogen casi siempre el camino de la amargura. El primero porque “disfruta” hacer daño a los demás. Se diría que, debido a su conducta agresiva y mendaz, buscan llamar la atención, el “amor” esquivo, aunque venga de castigos y rechazos. El obeso emocional toma el camino del sufrimiento; se ofrece en oblación en busca de lastima y auxilio, con frecuencia, de las personas equivocadas. En otras épocas lo llamarían neurótico necesitado de auto reafirmación.
Ambos son niños a los cuales escapa la felicidad. No disfrutan la inocencia y el juego. Empiezan a construir el difícil sendero de la infelicidad porque sus relaciones interpersonales están ligadas a como fueron “alimentados” con emociones. Los desnutridos porque patean el tablero al verse perdidos. Aparecen en escena solo para romper las reglas, o usarlas a su favor. Los obesos emocionales, por su parte, ni siquiera juegan. O lo hacen con miedo, pidiendo permiso para ser felices porque no creen merecerlo; ceden sus turnos, se dejan vencer cuando aparece el acosador.
De regreso a la analogía frutal, ambos “productos” no son aptos para consumo social. La fruta desnutrida es insípida, pequeña, inmadura. Generalmente queda en la rama del árbol como símbolo del malogro. La fruta hipernutrida madurará antes que el resto, caerá por su propio peso, y al estar fuera de temporada se pudrirá en el suelo a merced de las alimañas y los gusanos.
Es complicada la infancia cuando se ha carecido o se han tenido excesos emocionales en casa. Lo peor estará por venir cuando esos niños deban ir a la escuela y enfrentarse a personas (maestros, cuidadores, otros chicos) que no les consentirán esas formas de relacionarse. Dotados por la Naturaleza y el Creador para ser felices, disfrutar los juegos y los conocimientos, desnutridos y obesos labraran el duro camino a la infelicidad porque no han aprendido a hacer otra cosa.
Notas:
[1] Es preciso aclarar que no toda la personalidad depende del ambiente, la educación, la familia. El carácter -quiere decir cuño- proviene de cierta predisposición neurofisiológica y es poco susceptible al cambio.
2. Existe un bestseller disponible en Amazon: Dra. Judith Y Locke: The Bonsai Child: Why modern parenting limits children's potential and practical strategies to turn it around. 2015


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