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EN POCAS PALABRAS

  • hace 1 día
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Últimos días de la Hacienda.

Cuco, el destructor.


Supuesta foto de Alexis "Cuco" Mendieta. Tomada de Facebook
Supuesta foto de Alexis "Cuco" Mendieta. Tomada de Facebook

Por Francisco Almagro Domínguez

Un familiar orgulloso de ser cubano me llama por teléfono y me dice que un tal Alexis “Cuco” Mendieta, de Operaciones Especiales del Ejército norteamericano, fue el líder del grupo que hizo la extracción de Nicolas Maduro y su esposa, la ex primera combatiente Cilia Flores. Había leído algo sobre el tal “Cuco”. Le dije que era un bulo surgido en Internet poco después de la captura del dictador venezolano. La ficha biográfica del supuesto cubanoamericano no podía ser más excitante: nació en el Cotorro y se crio en Hialeah. Después he sabido que el oficial Cuco es una leyenda urbana miamense: la gente asegura haberlo conocido, cientos de novias atestiguan haber estado en sus brazos, y hay quienes aseguran conocer a la familia desde que vivían en el Cotorro.

La invención de Cuco Mendieta me hizo recordar a Rambo en versión cubiche. Un tipo nacido en un humilde barrio de la Habana que emigra de niño a Estados Unidos, y gracias a su tenacidad y aptitudes llega al cuerpo elite de la fuerzas armadas norteamericanas. Por supuesto, se trata de un Cuco-Rambo en plenitud de sus facultades y que no conoce la derrota ni el estrés postraumático después de Vietnam; tampoco tendrá que luchar en la “Ciudad que Progresa” con un malvado policía porque Cuco y el Sheriff de Hialeah fueron juntos a la primaria y la secundaria y las familias se conocían de Cuba.  

También Alexis, alias Cuco, pudiera ser una especie de Conan, el cubano. El personaje está inspirado en las novelas cortas de Robert E Howard, escritas entre 1935 y 1936, y llevada al cine por primera vez por John Milius en 1982 como Conan el Bárbaro, con una exitosa saga de 2 filmes más.  Es interesante como un personaje que se mueve en el mundo de la magia y la hechicería, en escenarios que no existieron y una temporalidad recóndita, pudo despertar interés en los lectores de los años 70. El mundo de esa época estaba signado por las guerras -en el sudeste asiático y en África-, y los movimientos pacifistas en Occidente. Todo hace pensar que se necesitaban héroes, aunque fueran de “mentirita”.  

La última versión de Conan se apellida el Destructor. Del director Robert Fleisher vuelve a tener a Arnold Schwarzenegger como protagonista. Por cierto, corría en La Habana de los noventa, pleno mal llamado Periodo Especial, un chiste sobre el actor belga-estadounidense.  Se decía que había ido al Festival de Cine para decirle al Difunto Líder que no le quitara el mote, porque el “exterminador” era el -por la película Terminator, recientemente estrenada.

En Conan el destructor Arnold debe hacer dos tareas, y una de ellas consiste en entrar a una fortaleza y recuperar el cuerno mágico, protegido por un culto que hace inexpugnable el sitio; una simple coincidencia con la Isla si hablamos de enajenaciones, discursos y narrativas fuera de la realidad.      

Es curioso como el personaje ‘fake”  de Cuco Mendieta ha logrado convertirse en alguien que la mayoría de los cubanos desearían fuera verdad y no ficción. Y que conste, no solo de los “gusanos” del exilio, ni de la “madriguera” de Hialeah como llaman los comunistas a la ciudad que más cubanos y botes sin mar tiene por kilómetro cuadrado. Desde La Habana y municipios aledaños preguntan por el todoterreno Mendieta. Cuando va a llegar. No lo podemos saber, pero sin duda hay muchos “cucos” reales y no de fantasía en el ejército norteamericano.

En contraposición, Silvio Rodríguez ha dejado de susurrar para convertirse en un blanco legítimo de Cuco, o de cualquier otro cubano que decida no aguantar más abusos y miserias y decida ponerle fin a una dictadura totalitaria que se gasta lo que no tiene en giras turísticas para los descentrados de este mundo. Hay que estar moralmente muy enfermo para pedirle a un pueblo resistir cuando el problema es de sus gobernantes, no de otro país. El “bloqueo” lleva más de sesenta años, y solo después de desaparecida la ubre socialista se acordaron de la vaca gringa. Con quien deben hablar es con los cubanos. Ese es el conflicto fundamental: Cuba con Cuba.

Cuco el destructor puede ser un personaje de ficción, una creación epónima, un “mercenario” para quienes llevan años exportando revolución y desestabilizando gobiernos con armas y con batas blancas, el más sinuoso de los métodos injerencistas.  Lo peligroso del asunto es que los de “aquí” y los de “allá” están pidiendo a gritos un “Cuco” sea como sea; y se burlan en las cocinas de las casas del inefable Silvio, protagonista de la opereta bufa “fusil contra fusil”; y se repugnan con unos desajustados que vienen a decirles que vivan sin luz, agua ni alimentos mientras en los hoteles cinco estrellas desayunan opíparamente.

El régimen está apostando seriamente por Cuco, el cubano. O por otros “cucos” tan reales como esos que en 20 minutos pusieron fuera de combate a la elite militar cubana que protegía al dictador Nicolas Maduro. Sabemos que, como todo los abusadores, les darán el primer abrazo a Mendieta, si antes no salen corriendo a tomar el próximo avión o el barco más cercano.   

 

 
 
 

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