EN POCAS PALABRAS
- 16 mar
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Últimos días de la Hacienda
¿Baragúa 2.0?

Por Francisco Almagro Domínguez
Prestos en azuzar al combate y la muerte ajenas, hoy el Continuismo echa mano a la Protesta de Baragúa, hecho histórico polémico porque si bien significó el rechazo a una libertad a medias, y la ausencia de compromisos para prohibir la esclavitud, el Pacto del Zanjón había sido firmado por casi todos los generales mambises y su representación en el exterior. La Protesta de Baragúa al mismo tiempo que reclamó paz con dignidad, hizo evidente las grandes diferencias existentes entre los lideres de la Guerra de los Diez Años, entre cuyos frutos malogrados estuvo la muerte de Céspedes y de Ignacio Agramonte.
Los historiadores cómplices del totalitarismo -quienes amarran la “pata ideológica” del pueblo- no cuentan que el general Antonio apenas “rompió el corojo” pudo durar pocas semanas en la manigua. En Baragúa habían despedido al general Arsenio Martínez Campos, llamado “el pacificador” con una almuerzo, y no una frase agresiva. Antonio Maceo y su familia, por cierto, eran clase media, y excelente educación. Lejos estaba el Titán de Bronce de humillar al general que más tarde seria jefe del ejército peninsular: simplemente dijo que no se entendían. Martínez Campos garantizó que más tarde el lugarteniente y su tropa se fueran a Costa Rica con una pensión que sirvió para levantar un central y una plantación cañera.
Por aquella frustración, Maceo pensó hasta el último momento incorporarse a la nueva guerra. No quería saber nada de caudillismos y falsos mesías que habían conducido a la derrota. Reclutarlo de nuevo fue difícil. Esos y otros polvos trajeron los lodos de La Mejorana, paginas arrancadas del diario martiano por el “mediador” entre dos grandes hombres, el general en jefe Máximo Gómez. Al final la historia es caprichosa: ni José Martí ni Antonio Maceo vieron el final de la contienda; ambos murieron y están enterrados a cientos de kilómetros de donde nacieron.
Nuestra corta historia como nación es bonita porque, precisamente, está llena de contradicciones, ingratitudes y amores compartidos, como la misma vida. Solo para los historiadores comunistas los hombres y los hechos son asépticos, insípidos, convenientemente utilitarios. Cuentan con la gracia de la inmunidad absoluta: ellos escriben los libros, sus rotativas los imprimen, y en las escuelas y las bibliotecas, también suyas, los reparten. Han hecho de la Protesta de Baragúa la justificación numantina para enfrentar al “agresor extranjero”. Obvian que el enemigo real, el que siempre ha sido y será, es el mismo pueblo cubano, engañado, confundido y esclavizado precisamente por quienes se consideran únicos herederos de la Manigua Mambisa. -los demás somos “rayadillos”.
La diferencia entre aquel hecho histórico, y ahora es tal que no merecería unas líneas. Pero a tanta mentira y desidia es bueno recordar que en Baragúa se pedía la total independencia de Cuba, y el fin de la esclavitud. ¿De qué independencia están hablando los continuistas si hoy la Isla es más dependiente que nunca de su archienemigo, los Estados Unidos? ¿De qué soberanía hablan si fuimos coto privado del Campo Socialista, después de Venezuela otra ala, y ahora no queda nadie a quien esquilmar? ¿Qué peor esclavitud que la criticada por Martí en el artículo de Spencer, la esclavitud de los funcionarios?
En Baragúa Maceo se insubordinó -no hay otra palabra para describirlo- al gobierno en armas y al general en jefe, Máximo Gómez. ¿Contra quién se insubordina la Involución? ¿Contra el desastre de casi 70 años en el poder? ¿Contra las remesas de Hialeah? ¿Contra el mundo democrático, culto y desarrollado?
En Baragúa se defendía continuar la guerra a pesar de no tener el apoyo de la mayoría del ejercito e incluso de cubanos autonomistas y reformistas. ¿Qué “guerra” quieren hacer los compañeritos del comunismo insular si no es seguir excluyendo, persiguiendo, encarcelando a quienes no piensan como ellos? ¿Qué proyecto tienen cuando el sistema de partido único y planificación centralizada ha fracasado en todo el mundo? ¿Qué proyecto nacional si el 20 % de su población vive fuera de sus fronteras y no quieren saber nada de ellos?
Se espera que pronto se anuncien medidas extraordinarias para “preservar la Involución”. Esta gente padece del mismo mal que todas la dictaduras: la ceguera del poder omnímodo. El discurso del Baragúa irredento, y de la víctima bloqueada ya no funciona. Nada de eso va a traer comida a la mesa de los cubanos. Han hecho mucho daño durante mucho tiempo, incluso a sus protectores, rusos y chinos, a quienes como buenos psicópatas les han robado hasta lo clavos y no quieren pagarles ni darles “un tantico así”.
En los próximos días el juicio de la Historia será implacable. ¿Llegaron al poder choreando sangre y pretenden irse del mismo modo? No se le pide a un pueblo tanto sacrificio cuando desde la acera de enfrente los hoteles tienen luz eléctrica, y los latones de basura están hasta el tope de desperdicios. Deberían entender las palabras del Difunto, muy a tono con esta hora final: “cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”


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