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EL DURO CAMINO A LA INFELICIDAD

  • 16 feb
  • 4 Min. de lectura

8- Cinco instantes de Infelicidad

Foto Unplash
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Al inicio del texto aclaramos que existen “momentos” o instantes de felicidad, pues esa experiencia de bienestar casi absoluto no es extemporal: tiene un tiempo, un lugar, unos actores y un desarrollo. Cuando logramos que tales instantes se encadenen de manera que parezcan uno solo, o al menos sean más los ratos felices que los infelices, el balance es positivo. De la misma manera, si los momentos de infelicidad se solapan y uno no termina para comenzar otro, decimos que no tenemos la “gracia divina”; que el mundo está en contra nuestra. Ya vimos que esa “certeza” sale de cumplirse cierta profecía de la cual somos, ni más ni menos, responsables. Como un agujero negro de fatalidades, a veces integramos a la vida todo el mal, incluso el ajeno.

Hay al menos cinco eventos donde el ser humano puede ser naturalmente feliz. No tiene que hacer nada, apenas para disfrutarlo.  Tenemos el “diseño” poco más o menos perfecto para tiempos de bienestar, un regalo hecho a los humanos y que ningún otro ser viviente sobre la Tierra es consciente de poseerlo.

Son la alimentación, el descanso, la diversión, el sexo y el trabajo. Este último puede parecer contraproducente… ¿el trabajo puede ser disfrutable?[1] Haga usted una encuesta y pregunte cuántas personas son infelices con su trabajo. Probablemente muchas. Pero la misma cantidad de individuos dirían que tampoco son felices al sentarse a la mesa y comer en familia, dormir en su cama, divertirse o tener sexo con la pareja -aclaratoria necesaria: “su” pareja. De aquí que sea imprescindible discernir que es un momento feliz” para los seres humanos. Cada una de esas actividades implican un placer intrínseco, entendiendo como placentera la acción que no se limita al hecho concreto, lo cual es propio de los animales, sino a los valores emocionales y sociales ligados a cada comer, dormir, divertirse, trabajar y tener relaciones sexuales.

Los animales también comen, descansan, tienen sexo y "trabajan”. Pero es instinto de supervivencia. En el caso de la intimidad, esta cumple una función meramente reproductiva con fines de ampliar la especie. Los ciclos reproductivos de algunos mamíferos están relacionados con los cambios ambientales; disminuye la camada por falta de alimentación y como consecuencia se limitan las hembras en celo[2].

De esta aclaración etológica sale una conclusión básica: los momentos  “felices” o “infelices” forman un sistema donde una situación de malestar puede “contaminar” otras áreas de la vida que parecían intocables. Por otro lado, la sensación de felicidad prolongada termina influyendo en áreas con vitalidad y creatividad extraordinarias. El análisis desde la perspectiva sistémica refuerza la idea de que la percepción de bienestar y malestar son un “todo” que se forma a partir de buenas y desafortunadas vivencias, aunque el estado natural para el cual estamos preparados es estar en un equilibrio positivo en cada una de estas áreas vitales -en caso contrario seríamos una sociedad de potenciales suicidas. La infelicidad, como la mentira, requeriría violentar el orden de las cosas, comenzando por nosostros mismos. Sumar negatividades hasta concatenar un rosario de desgracias es una tarea imposible de llevar a cuestas, de ahi el potencial autoquirico.

Cada una de estas necesidades vitales -significa que deben realizarse para preservar la vida- están marcadas por un lado positivo y otro negativo. Puede comerse hasta la saciedad. Ir mas alla hablaria del pecado de gula, que si bien a un agnóstico no le importa, a la salud mucho. El sueño debe ser reparador. Significa que la persona se ha despertado sin deseos de seguir en la cama, no recuerda haber tenido dificultad para quedarse dormido o despertar en tiempo. Lo negativo es el insomnio. Es muy frecuente en la población en general, y también las llamadas parasomnias[3]. El aburrimiento o tedio vendría a ser lo contrario de distraerse. “Tirar un cable a tierra” es una excelente analogía de como la energía negativa esta condenada a morir en el suelo. La diversión positiva permite “desconectar” del mundo agresivo y preocupante. Los individuos perseguidos por la infelicidad siempre están dispuestos a amargarse sus propias salidas y las de los demás por si acaso.

En el trabajo podría encontrarse el sentido a la vida. Hombre feliz es aquel, según el refrán, quien se levanta eufórico por llegar al trabajo, y está desesperado por marcar la tarjeta y regresar a su casa. La madre Santa Teresa de Calcuta, quien laborooo en los sitios más miserables de la India, dijo que lo que importaba era cuanto amor ponemos en el trabajo que realizamos, y agregaba: “no puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar”. Infelicidad es hacer lo que no nos gusta, no estamos capacitados para hacerlo, o nos gusta, y sabemos cómo hacerlo, pero hay un jefe o una estructura que hace desdichados los lunes por la mañana.

Para el sexo, que para muchos sigue siendo un tabú, o peor, asunto tan público que ha perdido el encanto de la sorpresa, lo desdichado es rechazar el placer del encuentro;  no expresarnos física y psicológicamente a través del contacto más intimo que dos seres humanos podrían tener. El sexo “contento” es aquel que incluso prescindiendo de un contacto de fluidos corporales produce placer y relajación. Woody Allen con su típico humor judío de Nueva York dijo que el sexo era lo más divertido que se puede hacer sin reír.


Notas:   


[1] Fue Juan Calvino (1509-1564)quien introdujo el trabajo como una glorificación de Dios, testimonio y deber moral. La influencia del Calvinismo en la emergente sociedad capitalista europea. Ese cambio filosófico y teológico, el Hombre se salva por sus obras, produjo cambios radicales en la forma de comprender el trabajo como una bendición y no como condena.      

[2] Numerosos estudios relacionan la propensión al embarazo en mamíferos con la alimentación disponible, la temperatura, la iluminación. La sabiduría de la naturaleza muestra que nacen y viven más criaturas cuando la posibilidad ambientales son mayores. Y viceversa.

  

[3] Se conocen como parasomnias aquellas entidades que suceden antes, durante o después del sueño. Los más frecuentes son el sonambulismo, los terrores nocturnos, y las pesadillas. La hipersomnia, o sueno excesivo, son largos periodos de sueño que pueden durar hasta 10 horas diarias.   

 
 
 

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