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EN POCAS PALABRAS

  • 19 feb
  • 5 Min. de lectura

Últimos días de la Hacienda: ¿Anexión o anexo?

"Protestodromo": al final embajada USA. Foto del autor
"Protestodromo": al final embajada USA. Foto del autor

Por Francisco Almagro Domínguez

Dice el refrán que la historia se repite como comedia o como tragedia. Lo que sucede con Cuba hoy califica como tragicomedia. Tragedia es lo que sufre el pueblo desde hace seis décadas, incluyendo un exilio que en nada ha sido suave ni tropical. Comedia del absurdo es la Continuidad, con guion y personajes que si no fueran tan desfachatados seria para reír a carcajadas. Creen que pueden repetir el mismo espectáculo como si el teatro no fuera una experiencia distinta cada día: ni los actores ni el público serán los mismos.    

Cuba enfrenta, ciento y pico de años después, un conflicto existencial parecido: una potencia extranjera decide los destinos de la Isla. A ese punto de retorno nos ha llevado la Involución como si todo lo que han hecho generaciones de cubanos solo hubiera servido para estar más cerca que nunca del vecino del Norte. José Martí diría: todo cuanto he hecho hasta ahora y hare, no era para esto: una monarquía familiar nacional pretende eternizarse en el poder a cualquier precio. Lo sabe todo el mundo: la Continuidad es solo mayorazgo que controla la Hacienda, el Ingenio y los rehenes detrás de la Cortina de Bagazo.  

En 2026, no en 1898, las cañoneras del Norte vuelven a colocarnos ante preguntas ultimas como nación: ¿podemos gobernarnos nosotros mismos sin que corra la sangre? ¿Sera el exilio condición inseparable del ser cubanos? ¿Cuál será el futuro de la república que apenas ha vivido tres o cuatro décadas de democracia? ¿Podrá ser la anexión o un “anexo” a los Estados Unidos -algo así como una ampliación estructural- ser el freno a la necesidad insular de dictadores y hombres-dioses?  

La historia, madre y maestra, dice que el periodo de mayor estabilidad política fue durante la Enmienda Platt. Existía como Espada de Damocles sobre los “generales y doctores” y si no hubo más cuartelazos fue porque los acorazados gringos estaban a tiro de piedra. Cuando algún ex general o doctor quiso romper el consenso, los marines respiraron en el pescuezo. A muchos de nuestros mambises no había gustado la Enmienda Platt pues la concebían como intervencionismo puro y duro, lo cual era cierto. Fue aprobada con mínima ventaja, y derogada en 1934. Resultado: cinco presidentes en seis años de enfrentamientos y latrocinio. No sin casualidades algunos de los que empujaron para quitarla fueron los mismos que protagonizaron los peores actos de violencia política.

En las escuelas cubanas nos enseñaron que el Fatalismo Geográfico era una tesis imperialista para justificar el coloniaje, específicamente de Estados Unidos. La existencia de la URSS era la negación de la tesis colonialista, aunque girábamos en su órbita, distante a casi 10,000 kilómetros. Ningún maestro dijo que nuestro mercado natural, el más grande y diverso del mundo, estaba a solo 160 kilómetros. Eso vino después, cuando desapareció el engendro socialista y apareció el “bloqueo”: la “predestinación geográfica” devino en urgencia financiera. La población adulta olvidó demasiado rápido que para los vecinos del Norte la Isla era lo más cercano “para el alma divertir”. Punta Cana y Cancún eran arenas, mosquitos y aldeas de pescadores cuando Varadero y las Playas del Este de La Habana tenían modernos hoteles. La Involución trajo turistas de Europa y Canadá, y no fue lo mismo. Nunca lo será.

La economía cubana depende del agro casi en su totalidad. En unión a empresas norteamericanas inicio la industrialización cubana con decenas de centrales azucareros, plantas eléctricas, fabricas procesadoras de alimentos, fábricas de cemento, acerías. Todo ocurrió en apenas 50 años. Era tal el respaldo industrial e inversionista a la republica que suelen llamar “a medias” o “mediatizada”, que el dólar y el peso cubano estaban parejos, y en algún momento, el peso por encima del dólar. La industria y la banca iban en camino a desprenderse del tutelaje vecinal. No era una relación de subordinada explotación sino una simbiosis enriquecedora. En la medida que crecía la participación de los cubanos iba cediendo la aportación extrajera.

Pudiéramos citar decenas de áreas donde el enfrentamiento con el vecino para justificar un régimen despótico e inepto solo ha traído desgracias; han arrastrado al país a una miserable e indecorosa situación. La inmadurez de las clases republicanas, su excesivo liberalismo, y el antinorteamericanismo hipócrita permitieron que la Isla cayera en manos inexpertas, iconoclastas, sanguinarias. A pesar de eso no han logrado que el pueblo de Cuba odie al pueblo norteamericano, ojo, que en este caso es lo mismo que sus lideres porque quien elige a los dirigentes son ellos, no un partido, no hay nadie “puesto a dedo”.

Estamos otra vez en el mismo punto donde todo comenzó. Nadie ha hecho más por la anexión que el Castrismo, quien sabe si de modo inconsciente, o como toda paradoja, por pura contravención. Tanto han tratado de enfangar a los Estados Unidos, sus logros e historia, que los cubanos preguntan como un país tan malo puede ser tan exitoso; cómo habitan y triunfan en el 3 millones de cubanos, o sea, más del 10 % de su población. Si hubiera un referendo hoy mismo dentro de Cuba tal vez no sería sorpresa que los primeros en votar por una anexión total y completa, con estrella 51 en la bandera norteña incluida, serian los cubanos que han sufrido más de medio siglo de “soberanía e independencia”.      

Pero no ha caído la dictadura y ya hay pugnacidad entre fracciones; cada cual tiene redactada su propia constitución; cada partido político en el exilio y dentro de Cuba se cree con los méritos históricos y políticos para gobernar el dia después. Todo indica que hemos aprendido poco de la traumática experiencia de vivir el totalitarismo comunista. Basta que uno de estos partidos y movimientos tengan el dinero y las armas y podríamos revivir en breve otra Guerra de la Chambelona 2.0.

Por esa razón debería existir algún tipo de tratado -existe en ciernes, la Ley Helm-Burton- que tutele la democracia en Cuba por un tiempo. Evite lo que sin ser muy pesimista vendrá: otra dictadura de cubanos. Oteando el futuro con mucho cuidado, y copiando a Costa Rica, no deberíamos tener ejército. Una policía y guardia costera modernas, eficientes pues la geografía nos convierte en paso expedito para las drogas. La historia de nuevo alerta: cada vez que el ejército cubano se empodera -Machado, Batista, el Difunto Líder- el enemigo es su propio pueblo. En todo caso, y puede que duela decirlo -a quien escribe no- la presencia de tropas norteamericanas en territorio nacional sería un elemento disuasorio. La Base de Guantánamo multiplicada por cien: empleos y protección para miles de cubanos.   

Por otro lado, que se va a hacer con más de un millón de compatriotas que son también ciudadanos norteamericanos. ¿Podremos votar en los dos países? ¿Se respetarán los derechos de aquellos “ex cubanos” que inviertan en la Isla?  ¿Podrán reclamarse las propiedades donde viven los jerarcas del Partido Comunista, las joyas, los cuadros y los muebles que hoy disfrutan y fueron “expropiados” a sus legítimos dueños?

Puede que alguien me acuse de “platista” o “anexionista”. O de desear “anexo” - aquí se diría efficency- en el patio de la Casa Blanca, ahora que la están reparando. Quizás tengan razón. A esta altura del juego, y con la experiencia traumática de haber vivido entre la mentira y el ocultamiento, el adversario puede escoger la etiqueta que desee para combatirme. Solo lo remito al poema de Machado:

Y al cabo, nada os debo

me debéis cuanto he escrito

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago

                       

 
 
 

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