EN POCAS PALABRAS
- 28 feb
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Últimos días de la Hacienda
El barco de papel

Por Francisco Almagro Domínguez
Aún estamos lejos de saber que sucedió en la Isla los pasados días cuando una embarcación pequeña, con un solo motor fuera de borda, sin tanques de gasolina adicionales, atravesó varios kilómetros en el peligroso Estrecho de la Florida repleta de armas y con 10 hombres a bordo, bien comidos. El lugar del desembarco recuerda, por estúpida, no tupida, la inhóspita y pantanosa Bahía de Cochinos, el sitio escogido por los sagaces operadores de la CIA en 1961. Esta vez, todo lo contario a la desolada costa del sur: una unidad de guardafrontera, dos unidades militares en las cercanías, un canalizo, profusa cayería, la norte, llena de bajos. Para rematar, muy cerca el pueblo de Coralillo, sin tradición de hostilidad al proceso involucionario.
El resultado no pudo ser más frustrante: de los diez “invasores” cuatro murieron y seis fueron heridos, para un 100 % de bajas en combate. Por la parte del régimen, un solo herido, el capitán de la escueta tropa de vigilantes cubanos que, sin gasolina para la “Grifi” y custodiar cientos de kilómetros de la costa cubana, estaban “por allí”. Para colmo de desgracia de los “terroristas”, el supuesto contacto en tierra que debía garantizar el desembarco fue apresado por la Seguridad del Estado antes de producirse el hecho. Como el intercambio de disparos se produjo en aguas jurisdiccionales cubanas, la respuesta del régimen fue perfectamente legal, sobre todo si como dicen las autoridades, fueron los “asaltantes” quienes primero abrieron fuego.
Al momento de escribir estas notas no hay informaciones cotejadas con estas, las oficiales del régimen. La única “pifia” fue que en las primeras 24 horas después del incidente uno de los “mercenarios” capturados no era tal; se paseaba por las calles de Miami en paz con su conciencia. Los familiares de este lado declaraban que los complotados en realidad pertenecían a grupos opositores. Pero negaron saber sus planes, o tener indicios de una preparación militar intensa antes de la acción.
Si habían tenido tal entrenamiento parece haberlo hecho en la mayor discreción… creían ellos. La televisión nacional ha mostrado un alijo de armas y equipos que serían la envidia de los “marines”. Si el armamento incautado por el régimen es el mostrado en fotos, se trata sin duda de una erogación importante de dinero; aunque cada pistola, fusil y equipos exhibido pueden ser adquiridos en cualquier armería norteamericana.
Como pescador aficionado en la Florida me llamó la atención en la presentación de la televisión cubana, además de los potentes y pesados fusiles de asalto, un par de “coolers” blancos llenos de municiones. Por el tamaño y el peso de las balas, si uno solo se hubiera escorado en la travesía, el bote hubiera dado la “vuelta de campana”. Si el peso no fue un problema, y la carga estuvo asegurada, ningún pescador se interna en aguas del Golfo con ese motor y un bote de apenas unos metros. Los cálculos son sencillos: el peso enlentece la travesía en mar abierto, y aumenta el gasto de combustible.
Se han levantado muchas teorías sobre lo sucedido, algo frecuente cuando “las cosas no cuadran”, o la fuente de información es una sola y domina la narrativa. De lo que podemos estar seguros es de que hay una o varias líneas de investigación en marcha por parte de las agencias de inteligencia y contrainteligencia, y la fiscalía de los Estados Unidos. No se quedarán con el relato del régimen, como ha anunciado desde las primeras horas el secretario Marco Rubio. Y lo más importante: habrá consecuencias.
Una vez más la llamada Continuidad es un desastre total. Si trataron de reditar el affaire Hermanos al Rescate 2.0 se han equivocado. No son los tiempos de Bill Clinton. No son los tiempos en que podían lanzar a la calle cientos de miles de personas a “protestar por la amenaza del Imperio”. No son los tiempos en que, pese a quien le pese, había un liderazgo sólido, ganado a tiros y represión, pero también con discursos futuristas que entonces todavía eran creídos por la mayoría.
Sabemos que la mentira, la simulación y la intolerancia al discurso alternativo es tan propio del Castrismo como el desastre económico, espiritual y social en que han sumido a todo un pueblo. Esta gente vive en una realidad paralela, y no tienen nada que ofrecer a los cubanos que no sean “falsas banderas”, incitaciones a la inmolación, no la de ellos y sus parientes. Trabajan a todo tren para aumentar el odio y la necesidad de venganza tras el desastre de Caracas, un “control de daños” que parece inalcanzable. A no dudarlo, podrán al pueblo en las primeras líneas de combate para enfrentar el “enemigo” como antes fue en Angola, Etiopia, Granada, y en la guarida de Nicolas Maduro.
Pero es probable que la Involución se haya disparado en los pies. Si trataron de reditar un Hermanos al Rescate 2.0 se sabrá pronto. Es la mínima justificación que necesita el “Imperio” para complacerlos de una vez: ahora sabrán lo que es un bloqueo de verdad. O tal vez, y desde una paradoja difícil de comprender, es lo que están buscando, como el asesino y el ladrón que se ha cansado de huir y pide que lo atrapen.
Como sea, Cuba es un pequeño barco de papel a la deriva, con todo lo frágil e impredecible de una hoja doblada sobre sí misma. Van sin motor y sin capitán. Y si el interlocutor con la administración Trump es el “Cangrejo”, habremos acertado en que aquello siempre fue una Hacienda donde una familia napoleónica tropical es la única que ordena y controla un país desde hace más de medio siglo.
Nicolás Guillen nunca hubiera soñado, en estas circunstancias del final de la Hacienda, la vigencia de sus versos:
“Por el Mar de las Antillas/anda un barco de papel:Anda y anda el barco barco/sin timonel. De La Habana a Portobelo/ de Jamaica a Trinidad/anda y anda el barco barco/ sin capitán”.


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