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EN POCAS PALABRAS

  • 7 mar
  • 3 Min. de lectura

Simplemente, Ennio

ENNIO MORRICONE. WIKIPEDIA
ENNIO MORRICONE. WIKIPEDIA

Por Francisco Almagro Dominguez

No pude evitarlo. Ante el documental la vida paso por delante de mis ojos y una lagrimilla asomó con nostalgia. “Ennio: el maestro” es una obra del director Guiseppe Tornatore de 2021. Para mi generación, al dupla Sergio Leone-Ennio Morricone fue algo más que cine: fue conocer el arte total.

A los Western Espagueti los cubanos llegamos un poco tarde. En la década de los sesenta esta genial mancuerna de director-musico había dado al público títulos como “Por unos dólares más” (1965), “El bueno, el malo y el feo” (1966) y la que sería considerada una obra maestra del género, “Erase una vez en el Oeste” (1967).  Como ha sucedido tantas veces, el encuentro de dos genios provoca un desastre, o una sinergia única. Tal es el caso en la música flamenca de Paco de Lucia y Camarón de la Isla.

Mas allá de escribir sobre la opinión de muchos, que la música de Ennio es otro personaje de las películas, resulta imposible oírla y no recordar la primera vez que disfrutamos el milagro de “soñar despiertos”, diría el Poeta. Sin la melodía Love Theme (tema d’amore) en “Cinema Paradiso” el filme seria otra cosa; es pura añoranza de los años 80. La banda sonora de “La Misión” de Roland Joffé es sencillamente genial; se considera entre las mejores composiciones musicales cinematográficas de todos los tiempos. Y la banda sonora de “Erase una vez en América” ha sido señalada por los críticos como la mejor de la historia del cine. 

Las entrevistas no tienen desperdicio. Allí están Clint Eastwood y Quentin Tarantino, Bernardo Bertolucci y Paolo Taviani, los músicos Bruce Springsteen y  Zucchero, y muchos más. La vida profesional de Ennio Morricone se extendió por más de sesenta años, y lo que muchos ignoramos es que su primer instrumento y el que lo valido como musico profesional fue la trompeta, a como su padre.  Cada entrevistado da un aspecto desconocido de su vida, el lado humano, ese que a veces resulta curioso, inimaginable. En el caso de Morricone parece ser su humildad, diríase hasta timidez.

De regreso a la obra de este musico, y a los filmes a los cuales puso su sello, siempre será un misterio para mí por qué llegamos tarde a los Western Espagueti, y al personaje que encarnaba Eastwood con ese poncho a medio hombro, el cabo de tabaco en la boca y la sonrisa socarrona. Las primeras exhibiciones sucedieron en el teatro de la sala de Junta Central de Planificación entrados los setenta, exhibiciones vedadas para el resto de los peatones insulares.  

A principios de los años 80, la televisión cubana comenzó a ofrecer algunos programas de cinematografía universal, la Tanda del Domingo, y la llamada Película del Sábado, que, si la memoria no me falla, proyectó como primicia La Guerra de las Galaxias, varios años después que su salida en 1977. Los críticos hablaron por primera vez de las obras de Leone, de Tortnatore (Cinema Paradiso), de Joffe (La Mision) y Bertolucci (Novecento) y la música de Ennio Morricone.  Con la entrada a la Isla de las primeras videocaseteras se pudo acceder sin restricciones a las películas y la música del italiano.

 Tal demora hizo que la obra de este genial compositor durante mucho tiempo fuera de exclusivo consumo de la elites culturales cubanas, incluyendo, por supuesto a los músicos más enterados. No había una tienda para comprar sus discos. No hubo en años un reconocimiento a su obra hasta 2020, que se le dedicó un homenaje en la Cinemateca de Cuba.

Creo que la nostalgia musical, además de estar implícita en su música, a los cubanos de mi generación nos recuerda los tiempos en que comenzamos a conocer el mundo, precisamente porque la tecnología democratizó lo que antes solo estaba en poder de una elite, un comisario, alguien que ‘viajaba”. Y también porque las historias a las cuales Ennio puso su música pudieran habernos sucedido a nosotros, nuestros padres y abuelos. Esa es la magia del arte. Esa es la esencia de la libertad.      

 
 
 

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