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LA CARGA DE LAS SEISCIENTAS

26 ago
3 min de lectura

El Disco Rayado

Tomado de Unplash
Tomado de Unplash

Por Francisco Almagro Dominguez

Hay maneras de eludir un periodista. Pero de un buen periodista es muy difícil escapar. Esa es su tarea: herir hasta que brote la sangre noticiosa. Mientras ardía Paris en protestas todos los reporteros preguntaban sobre la huelga. El más ingenioso interpeló al presidente: ¿sabe usted cuanto amaneció costando el metro de Paris? La pregunta fue demoledora: la conexión entre el líder y la masa, obligada a tener que usar ese medio de transporte a diario.

Siempre hay entrevistados más listos que otros. Oriana Fallaci ha quedado para la historia reporteril como la más temeraria a la vez que sagaz para sacar agua de pozos que parecían secos.  Fue la primera corresponsal de guerra. Durante el fascismo, partisana adolescente. Su fama como periodista consistió preguntas que el personaje no esperaba; describir el ambiente como parte del encuentro. Muchos señalan que las mejores entrevistas fueron las de personajes controvertidos como Yasser Arafat, el Sha Reza Pahlevi, Henry Kissiger y al general argentino Leopoldo Galtieri a quien desnudó como psicópata.

Todos estos hombres tenían en común el poder. Poder hacer del entrevistador un fracasado, que se tragara las preguntas, pidiera perdón por hacerlas. Debemos imaginar que Oriana, joven clandestina antifascista , y después reportera debajo de la balas, sentía que la ética del oficio estaba por encima de quien podía hacerla desaparecer o quedar en ridículo.

Hay varias maneras lograr una entrevista. Las más usuales son que el entrevistado lo solicite a un medio informativo, o sea el medio quien busque al entrevistado por su propio interés.  A veces coinciden. El futuro interpelado necesita anunciarse, propagar cierta información o desinformación. Los corresponsales están a la caza del individuo, casi siempre sabiendo de antemano los temas que serán tratados.

En el caso del Difunto Líder resultaba curiosamente eficaz su manera de evitar contestar lo que le preguntaban. Usaba al menos tres de estas técnicas comunicacionales: el retruécano, la neblina, y el reencuadre. El retruécano es usar las mismas palabras para darle sentido contrario. La neblina es provocar en el otro una densa capa de palabras para hacer perder el hilo. Por último, el reencuadre, en lo que el Difunto Máximo Líder era un maestro, es convertir en positivo lo negativo. Mi frase preferida es “convertir el revés en victoria”.  

Lo que muy pocas veces hizo, y si lo hizo no tuvo más remedio, fue usar la técnica del Disco Rayado. Consiste en repetir las mismas palabras ante preguntas diferentes de manera que el interlocutor pierda la paciencia y la entrevista. El ex Máximo Líder tenía como premisa no parecer sin argumentos, pues cuando se “raya el disco” el mensaje cae por su propio peso, aburre. Por alguna razón no le concedió una entrevista a la Fallacci. Ella habría sabido como destrabar la aguja del “tocamuela”.

Estas notas están inspiradas en las últimas entrevistas que han dado quienes hacen el papel de presidente de la República, y de ministro de relaciones exteriores involucionario. Todas las respuestas van a parar al “bloqueo” y a los “yanquis”. No pueden usar una nueva coartada. Como en el cuento de los fenicios una persona es lo que habla -o lo que calla: con el Disco Rayado del “bloqueo” hacen evidente la falta de ideas, argumentos y sobre todo, alternativas a la crisis. Todo el porvenir de Cuba comienza y termina con el “bloqueo”. Un aguzado periodista podría preguntar cómo es posible que el bienestar de un país dependa de su enemigo. Pudiera sugerir acaso que cambie la aguja que araña. O el disco rayado.   

 
 
 

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