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LA CARGA DE LAS SEISCIENTAS

5 sept
3 min de lectura

Duda razonable (2 Parte)

Corte Suprema de Estados Unidos.
Corte Suprema de Estados Unidos.

Por Francisco Almagro Dominguez

La enfermedad mental es una “película”, no un fotograma. Casi nadie “se vuelve loco” de un día para otro. Tiene explicación por la neuroquímica. Salvo entidades muy específicas, siempre hay “avisos”. El profesional debe unir los pedazos del rompecabezas clínico; actuar a tiempo antes de que empeore el caso. Casi el 70 % del diagnóstico en cualquier proceso mórbido depende de un buen interrogatorio. Desgraciadamente,  el uso y abuso de la tecnología está invirtiendo la ecuación.

Mi breve experiencia en la rama forense de la psiquiatría me recuerda que los crímenes cometidos por insanos mentales suelen ser de una espeluznante ferocidad.  Según testimonios, la enfermera Linsay Clancy padecía una grave depresión postparto. Comenzó por el rechazo al pequeño de 8 meses. Es lo típico. Las madres muestran incapacidad para cuidar el bebé. A ojos profanos pudiera ser normal: el embarazo y el parto acostumbran a ser extenuantes.

Cuando aparece el insomnio las alarmas suenan. Los psiquiatras saben el valor clínico del insomnio: es uno de los primeros síntomas de las patologías mentales.  El dilema para el clínico es poder  “armar el muñeco” antes de que sea demasiado tarde. La experiencia y el llamado “ojo clínico” no se aprende en los libros sino con los años… y los errores. Todavía la señora Clancy añadió otros síntomas durante varias semanas. Hablo de hacer daño a sus hijos y a ella misma; de “neblina mental” y confusión.  Para un inexperto podría pasar por una fatiga. Para los oídos de un especialista es sinónimo de consulta urgente o ingreso hospitalario “sin escala”. No hay tiempo para dudar.

Correspondió a la Dra. Jennifer Tuffs, psiquiatra de apenas tres años de especialista, tratar el caso de Clancy. No se trata del escaso tiempo de práctica clínica independiente sino que ella se anunciaba como especialista en postparto prácticamente recién graduada. Un terreno, el de las depresiones, complicado hasta para los más veteranos profesionales. En esos casos, se impone la humildad y la interconsulta, algo de lo que carecen algunos facultativos bisoños. El defensor Kevin Redington hizo un interrogatorio que es una pieza de orfebrería legal. Las luces giraron de la acusada a ponerse sobre la Dra. Tuffs; debió, según el alegato de la defensa, ser más certera al establecer la gravedad del caso y el tratamiento oportuno.

Y es en este punto donde el juicio rebasa lo médico-legal para proyectarse sobre la medicina en la sociedad norteamericana. Estados Unidos es, junto a España y Francia, uno de los países que más consumen psicofármacos en el mundo. Los tiempos en los cuales alguien podía escapar de una consulta sin una receta de psicofármacos ha quedado atrás. Todo el mundo debe salir del consultorio con un diagnóstico y una pastilla. El valor de la psicoterapia, la activación conductual, y el cambio de ambiente han dejado de ser fundamentales complementos en la salud mental.

Al pretender que todo conflicto en la vida se resuelva con una “pastilla”, en la población se crea la necesidad de una “curación express”. Se olvida la madre hipocrática de toda la ciencia médica: la clínica. El enfermo es él y su integralidad. No bastan los químicos para devolverle la salud. Desgraciadamente, hemos llegado al horror tecnológico de “médicos-robots” que diagnostican y “tratan” con "inteligencia artificiosa”.  

¿Sera declarada no-culpable Linsay Clancy en un segundo juicio? No hay duda de que asesinó a sus hijos, pero… era capaz de medir el alcance de sus actos?  Aunque parezca injusto, siempre será preferible un culpable en la calle a un inocente en la cárcel o en un sanatorio mental.

Por lo pronto el veredicto es un aldabonazo en la conciencia medica de este país.                

   

 
 
 

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