LA CARGA DE LAS SEISCIENTAS
Duda Razonable (1 Parte).

Por Francisco Almagro Dominguez
Un juicio acaparaba la atención en Estados Unidos hasta el día de hoy. Fue declarado nulo (“mistrail”) por un juez de Massachussets. Lindsay Clancy, enfermera, estranguló hasta matar a sus tres hijos (5, 3 años, 8 meses). Aquí se mezclan emociones, leyes y salud mental. Lo emocional tiene que ver con una madre joven que asesina a sus vástagos de un modo cruel. Pero para las leyes norteamericanas lo primero es la presunción de inocencia: el individuo es no culpable hasta que la fiscalía no demuestre la responsabilidad más allá de cualquier duda razonable. La salud mental, es por otro lado, un terreno resbaladizo. Es difícil establecer hasta qué punto una persona está en su sano juicio cuando comete el delito. El diagnostico en psiquiatría es fenomenológico. No se puede demostrar con una radiografía o un electrocardiograma.
En este caso lo primero que el público percibe es un acto contranatural: las madres protegen, defienden a la prole desde los animales primitivos hasta los seres humanos. Tiene un sentido: procurar la perpetuación de la especie hasta la muerte del progenitor y que los genes prosigan su interminable camino. En los Estados Unidos es un tema sensible. La mínima negligencia es fuertemente castigada.
La ley es este país es un poder independiente. Los jueces no responden a un partido político o intereses comerciales, aun cuando en ocasiones no se pueden evitar corruptelas y lamentables equivocaciones. No son el juez ni los abogados quienes determinan la culpabilidad. Es un jurado, vieja tradición nórdica, compuesto por 12 ciudadanos escogidos al azar. Ellos determinan "sin lugar a dudas" la culpabilidad o la inocencia del procesado. No lo conocen. No han recibido información antes de llegar a la Corte. Oiran los alegatos del defensor y del fiscal y votaran en secreto. En ciertos juicios y estados, debe ser unánime. Uno solo en desacuerdo basta para la anulación. Es tan sensible la deliberación que hay toda una cinematografía, real y de ficción sobre el tema.
Por último está la salud mental, relevante para el juicio a la presunta asesina. En este punto, quien escribe desea detenerse por oficio. Las llamadas psicosis son enfermedades graves. La persona pierde la capacidad de medir las consecuencias de sus actos. El vulgo lo llama “estar loco”. Lo primero y más importante para un profesional es diagnosticar si la persona que tiene delante está habilitada para razonar. Después puede ponerle el nombre a la enfermedad que crea. Como las entidades psiquiátricas son un continuum, o sea, a veces el individuo esta más o menos enfermo, es complicado establecer hasta donde razonaba en el momento del delito. Para el perito forense es un reto. Y de eso depende la vida o el enclaustramiento sanitario del caso. En Cuba había tres categorías: disminuido, eximido o responsable penalmente.
Por lo que sabemos hasta ahora, Linsay Clancy fue diagnosticada con depresión postparto. Es una entidad cada día más frecuente (1 de cada 8 mujeres, 12 %). Puede ir desde ligeros síntomas depresivos hasta una verdadera psicosis, ruptura total con la realidad. En tarea del médico es establecer el nivel de riesgo para ella y para los demás. Para ello se auxilia de la clínica, antecedentes del paciente, y escalas.
En psiquiatría hay errores que se pagan caros: los homicidios y los suicidios. Errores, valga la aclaración, que son humanos y a veces prevenibles. La supervisión, el diagnostico colegiado y sobre todo la documentación certera, evitan tristes desenlaces. Basta que insinúe quitarse la vida o quitársela a otra persona para encender las alarmas. Nunca una “amenaza” debe pasar inadvertida. Pecar por exceso, nunca por defecto.
En este caso en particular parece hubo algunas pifias. De hecho, uno de los jurados se negó seguir deliberando. Pero esos detalles serán explicados en la segunda parte de este trabajo, pues ha rebasado la “carga” de las seiscientas palabras.



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